Ha muerto Thomas Erdélyi, no Tommy Ramone

Ha muerto Thomas Erdélyi, no Tommy Ramone. Y el que diga lo contrario es sordo o mentiroso. Tommy Ramone sigue vivo aquí, aquí y aquí.

La noticia: Thomas Erdélyi murió el viernes en Nueva York, a la edad de 63 años, por culpa de un cáncer biliar. Thomas Erdélyi es el nombre que tenía un chico que nació en Budapest en 1949. Sus padres -judíos- emigraron a EEUU después de sobrevivir al holocausto nazi y de que Hungría quedara englobada en el bloque comunista. Los Erdélyi se afincaron en el barrio neoyorkino de Queens. Allí, Thomas conoció a John Cummings, con quien años después formaría una banda que cambió la historia de la música. Una banda formada en principio por Douglas Colvin –Dee Dee Ramone, bajo y voz-, John Cummings –Johnny Ramone, guitarra- y Jeffrey Hyman –Joey Ramone, batería-. La historia es Historia: Dee Dee no se aclaraba con el bajo y la voz, y Thomas, entonces mánager, convenció a la banda para que Joey fuera el cantante.

El puesto de batería quedaba vacante y nació Tommy Ramone. Así se lo contó Erdélyi a Tony Sanders en una entrevista publicada por Ruta 66 en febrero de este año: “Yo no era batería, sino guitarrista, y se me pidió que intentara tocar la batería. Dije que lo intentaría y así me convertí en el batería. Cuando empezamos a tocar juntos, de alguna manera el sonido encajó consistentemente. Era un sonido que ya era muy fluido al nacer.”  En la misma entrevista, el húngaro explicaba que intentó combinar lo que le gustaba de sus baterías favoritos: Charlie Watts y Al Jackson. Erdélyi hablaba de interpretar la música como un guitarrista a pesar de tocar la batería. Lo explicaba como el que busca una explicación compleja a un estilo que se valoró mucho después. Después de tocar en los tres primeros discos de la banda –Ramones, Leave Home y Rocket to Russia– y de coproducir desde el segundo hasta el cuarto –Leave Home, Rocket to Russia y Road to ruin– Erdélyi dejó las baquetas en manos de Marc Bell, Marky Ramone. El batería húngaro produjo a bandas como Redd Kross o Talking Heads. En el último cuarto de su vida emprendió un nuevo proyecto: Uncle Monk, un dúo de bluegrass junto a Claudia Tienan.

Eldéryi aprendió algo. En 1985 produjo a otra banda que siempre perdía: The Replacements. Tim fue algo más que el álbum en el que la banda de Paul Westerberg  alcanzó un lenguaje único. En algún rincón se escucha la impotencia de los Ramones. We are the sons of no one/ Bastards of young, canta Paul Westerberg como acordándose de cada Ramone.

Ese estilo es clave para entender el punk, es posible que esa sea la frase que más escuchara Erdélyi. Él intentaba explicar lo que probablemente solo respondiera a una palabra: honestidad. Bueno, quizá dos: honestidad e intensidad. Lo explicaba con perplejidad, como preguntándose dónde estaba ese reconocimiento hasta 1990 o dónde estaba esa aprobación cuando no consiguieron sonar con asiduidad en la radio ni grabando un disco con Phil Spector o dónde estaba el público cuando unos mocosos londinenses se hacían la banda más famosa del mundo haciendo (casi) lo mismo que ellos. La misma perplejidad con la que vería a una generación autocomplaciente portar en el pecho el logo de su banda pensando que es una marca de ropa. La misma perplejidad con la que observaría cómo Ramones, el disco con el que la banda debutó en 1976, se convertía en Disco de Oro hace un mes. Parece como si la gran máquina capitalista fuera incapaz de reconocer un error y se viera obligada a rendir homenaje a cualquier mito caído. “Los 60 se han convertido en la continua celebración de un funeral”, afirma Greil Marcus en Escuchando a The Doors. El caso de los Ramones, obviando la década, es el más atípico: ignorados en su momento, hoy emergen como héroes. Héroes forzados e incómodos que no encuentran acomodo en ninguna acepción del sueño americano porque no hubo nada de redentor ni de dorado en la historia de esos cuatro melenudos de Queens que se juntaron para ladrar sus deficiencias emocionales.

El hecho de que estos homenajes parezcan tan forzados en el caso de los Ramones engrandece de algún modo su leyenda , su sinceridad y su desprecio por cualquier artificio. Tommy Ramone fue el pegamento que unió a esa improbable banda -un facha, un yonqui, un húngaro y el pobre de Joey, decía el sábado Diego Manrique en Twitter-,  un batería inmortal que sigue vivo en cada pedal de cada batería de cada garaje de cada cuatro colegas que se junten para expulsar cada pulsión que lata en cada cuerpo. Tommy Ramone solo morirá cuando el ser humano no necesite expresarse, cuando deje de ser humano.

Descanse en paz, Thomas Erdélyi.

Santini Rose