¿Qué fue del “para siempre”?

Una guitarra se ha enredado en no sé qué progresión. Al segundo encuentra la salida, apoyada por unos tímidos golpes de baquetas. Barât comenta:  Please don´t get me wrong / See I forgive you with a song / We´ll call the Likely Lads. Barât respira y esa guitarra perdida vuelve a la carga. Barât sigue: But if it´s left to you / I know exactly what you´d do / With all the dreams we had…

5 de julio. Hyde Park. Un recinto en el que caben 65.000 personas. La entrada más barata cuesta 61,05 libras (74, 77€). Supongamos que todos los asistentes compran la entrada más barata; haces cuentas y te salen más de cuatro millones de libras, de los que Doherty y Barât se embolsarán medio millón cada uno. Doherty reconoció a NME que esta reunión está marcada exclusivamente por la necesidad de dinero.

Doherty entra sin hacer mucho ruido. Barât se apoya en él y canta: Cause blood runs thicker/ We´re thick as thieves, you know. Una segunda guitarra irrumpe y se crea un silencio que Barât aprovecha para advertir: If it´s important to you…Doherty recibe el mensaje y contesta: …It´s important to me. Esa segunda guitarra suelta un hachazo y los dos se lamentan: I tried to make you see / But you don´t wanna know…

John Hassall (bajista), Gary Powell (batería), Carl Barât (voz y guitarra) y Peter Doherty (voz y guitarra)

John Hassall (bajista), Gary Powell (batería), Carl Barât (voz y guitarra) y Peter Doherty (voz y guitarra)

Si escarbas un poco, puedes llegar a entender a qué se refiere Doherty cuando dice que “está completamente en el espíritu de la banda tocar en Hyde Park por el dinero” y que ellos siempre estuvieron “motivados por el dinero y la fama y por formar parte de una farsa repugnante” de la que -se dieron cuenta demasiado tarde- no podían tener el control. En el documental There are no innocent buystanders, Barât cuenta que Doherty siempre fue el más ambicioso en lo que a fama se refiere. La imagen que se muestra del autor de What Katie did? dista de la de ese bohemio enamorado de la música que fue expulsado de la banda por abusar de las drogas. “¿Qué pasa? No me gustan las drogas. Elegí la vida”, llega a pronunciar un alterado Barât para explicar cómo Doherty y él se distanciaron.

Ahí debería haber un estribillo, pero Doherty tiene algo que decir. Coge el micrófono con fuerza y levanta un dedo: If yo pipe all summer long / Then get forgiven in a song / Well that´s a touch, my lad. Se da cuenta de que estos versos deberían sonar irónicos, pero de su boca solo emerge desesperación. Barât frunce el ceño mientras fuma. Hace tiempo que Hassall decidió no levantar la vista de las cuatro cuerdas. Powell ha rectificado a tiempo.  Doherty intenta sonreír y canta: They sold the rights to all the wrongs / And when they knew you´d give me songs / Welcome back, I sang. Pero sigue sonando desesperado. Doherty señala a Barât, le pregunta que por qué le está dando de lado, por qué la banda dio un concierto sin él. Se mira el brazo y recuerda cómo intentó borrar de su brazo un tatuaje en el que se leía Libertine. Un segundo después, presas de su orgullo, los dos entonan: But blood runs thicker, oh…

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Pero la sangre corre espesa…Doherty es el único que se ha pronunciado en estos términos. Él y Hassall dieron desde el principio el  a la reunión. Barât cuenta en el documental que la relación creativa que tiene con Peter solo se consigue una vez en la vida, que hubo un momento en que solo se entendían dentro de una canción y que solo se reuniría si esa chispa vuelve a surgir.  Powell dice que no le hagamos caso a Peter y que deberían hacer más de un concierto. El rumor acerca de un nuevo disco es infundado: según NME, no hay planes de entrar en el estudio. Sin embargo, se puede dar otro caso Strokes: los proyectos de cada miembro naufragan -solo unos Babyshambles cada vez más irrelevantes sacan la cabeza- y un nuevo álbum de The Libertines suscitaría la atención musical que necesitan. En 2014, Doherty, Barât, Hassall y Powell son cuatro perros apaleados que siguen recordando el día en que fueron los mejores.

Peter lanza un OOOH.  La banda le sigue al ver que está en lo que está por primera vez en meses. Canta: What became of the Likely Lads? / What became of the dreams we had? Carl asiente. Por primera vez en lo que va de canción, está de acuerdo con Doherty. Los dos aúllan: Oh, what became of forever? / Oh what became of forever, though? / But, we´ll never know…

Cartel del día en el que The Libertines tocarán en Hyde Park

Cartel del día en el que The Libertines tocarán en Hyde Park

¿Qué fue de los sueños que teníamos? / ¿Qué fue del “para siempre”?…Agradezco la sinceridad de Doherty. Prefiero que diga que viene a por el dinero a que me cuente un cuento sobre que han resurgido en su interior no sé qué recuerdos sobre tener 20 años en Londres. Y entiendo eso de “está en la filosofía de The Libertines volver por el dinero”. En esa frase, la palabra más importante es volver, y no dinero. Ese volver como una forma de huir hacia adelante está presente en las mejores canciones de la banda –The good old days, The man who would be kingMusic when the lights go out o Radio America– esa iconografía de los bajos fondos británicos fue la que, junto a la vena del cuello del punk  Carl Barât, hizo a The Libertines la banda más auténtica e interesante en décadas. La banda que debía marcar la pauta en los albores del siglo XXI. Esta reunión supone una hostia de realidad para los que nos hicimos personas escuchando esos dos discos: el hombre que pudo ser rey vuelve con el rabo entre las piernas y  reúne a la gran banda (solo) por la pasta. Eso de reunirse por la pasta lo hacían Pink Floyd o los Eagles. No el tipo que cantaba que no hay nada más idiota que un inglés con una gorra de béisbol.

Barât apunta de nuevo. Doherty le responde. Los reproches vuelan,  la historia se repite. Vuelven a estar de acuerdo y repiten que no saben qué pasó con sus sueños ni con aquel “para siempre” y que nunca lo sabrán. Powell decide que ya está bien y anuncia el final. Aquella  guitarra perdida parece una bicicleta con el manillar roto que anuncia la caída. El batería quiere que sus baquetas tengan la última palabra.  Hassall calló hace tiempo. Doherty y Barât se niegan a dar la canción por concluida. Agotan el oxígeno que les queda. Emiten unos sonidos que resultan indescifrables para el resto.

Santini Rose