Los mejores discos de 2013 (y II)

Esta es la segunda parte de esos 20 discos que dejan un poso. He añadido dos más, así que son 22. ¿Por qué dos? Porque no he encontrado ningún argumento para descartarlos:

  • Silence Yourself (Savages):

Savages-Silence-Yourself-e1363729038628

Savages son tres chicas de Londres y una francesa. Han publicado este año su debut, y quieren que despiertes. No preguntes, ya sabes de qué quieren que despiertes. Dejan claras las reglas desde el primer minuto. Te van a coger por los hombros y tu girarás la cabeza, buscando algo. No encontrarás nada, y cuando el agobio aumente notarás a Jehnny Beth cerca de tu oído. Antes de que puedas apartarte ya habrá soltado un ladrido. Puede que te marees, que vomites o que abras los ojos. A ella le da igual. Va a seguir ladrando, la guitarra de Gemma Thompson va a seguir distorsionando cada nota, Ayse Hassan y su bajo va a seguir inventando plegarias a Peter Hook y la batería de Fay Hamilton va a seguir martilleando cada célula impasible que te quede.  Así unos 40 minutos. Al rato descubrirás que este disco es redondo, que hay post-punk y noise y otras cosas que todavía no tienen nombre, que no importa una mierda que Savages no hayan inventado nada, que hacía tiempo que no escuchabas nada así, que tenemos banda generacional para mucho tiempo si nada se tuerce, que quién debuta con un disco así. Al rato entenderás lo que quieren decir las tres chicas de Londres y la chica francesa cuando en su manifiesto escriben: Nuestra meta es descubrir nuevas formas de vivir y experimentar la música, creemos que sigue habiendo formas por descubrir. Al rato sabrás que a esto se refería Ian Curtis.

  • Palosanto (Bunbury):

palosanto-bunbury-portada1_l

“Sé que muchos tienen la opinión a brochazo de que con Héroes del Silencio hacíamos rock gótico y en solitario hago cabaret. Que antes llevaba una cinta en el pelo y ahora voy con un sombrero de cowboy al supermercado.” Es Bunbury en una entrevista de Rolling Stone. El aragonés lleva 15 años luchando contra el inmovilismo. Parece imperdonable que no quisiera pasar toda su existencia gritando ¡AVALANCHAAAAAAAAAA!, pero también parecía imperdonable que fuera una estrella de rock. Ahora parecerá imperdonable que haya madurado, que ya no se cague en todo el mundo en cada entrevista, que diga que respeta al público de Pitbull. Que Palosanto sea uno de sus mejores discos. Las grandes canciones son las que necesitamos, canta en Prisioneros; y le sale del alma, consciente de que esa es su única responsabilidad. Palosanto es un disco impresionista: las canciones parecen sencillas en las distancias cortas -las letras son menos crípticas que nunca-, pero el todo rezuma complejidad. Es un doble disco dentro de uno solo. Una mitad escupe rabia. La otra huye de la demagogia y plantea reflexión. Una gran interpretación de aquel La revolución comienza en ti que cantó Lennon. Aquí empieza el primer capítulo del resto de la vida (no solo) musical de Bunbury.

  • World Boogie is coming (North Mississippi Allstars): 

1

R. L. Burnside ha roto la caja de madera que le rodeaba. La culpa la tiene un gafotas de Tennessee que se parecería a Steven Wilson si no sonriera y pusiera morritos cada vez que toca una guitarra. El tipo se llama Luther Dickinson. Tengo una buena noticia si eres de los que piensan que los primeros discos de The Black Keys son los auténticos. Esa buena noticia se llama North Mississippi Allstars, la banda en la que Luther Dickinson canta y toca la guitarra. Esta buena noticia compensa todas las veces que has sido denostado por mantener que Rubber Factory es superior a El Camino.  Hace poco leí que NMAS escribe una canción buenísima por cada vez que alguien dice que el blues está muerto. Supongo que sería una exageración, pero escuchas sus discos y no parece tan descabellado. World Boogie is coming es una jam. El trío -Luther más su hermano Cody a la batería y Chris Chew al bajo- toca tantos estilos que el disco parece eterno. Sin embargo no aburre. La  espontaneidad que derrochan en cada canción es propia de viejos clubs en los que todos sabían tocar y llorar con la garganta. No hay canciones que destaquen sobre el resto, porque World Boogie is coming es un momento concreto. Un rato inspirado en el que una cosa llevó a la otra y una idea apuntada en el primer acorde encuentra su desarrollo en los últimos minutos del disco, notas como los fraseos vienen a la cabeza de Dickinson, como guiña el ojo a su hermano y como Chew aprieta los dientes. Y como R. L. Burnside se parte de risa. 

  • …Like Clockwork (Queens Of The Stone Age): 

BUENA

Lo más insultante de Josh Homme es la desidia con que parece hacerlo todo. Toca un solo que ha derribado mil muros y no termina de abrir los ojos. Tampoco hace esos gestos con la boca que solemos atribuir a los guitarristas geniales, ni siquiera corretea o se tira al suelo. Parece que su misión va más allá de que cada uno de los discos en los que participa sea estratosférico. Ahora tiene 40 años. Queens Of The Stone Age no habían grabado nada desde 2007, pero Homme no estuvo en casa cuidando el jardín: grabó con Eagles Of Death Metal, Them Crooked Vultures, Mark Lanegan y Arctic Monkeys. Y cobra los favores: todos están en …Like Clockwork. Aparecen Grohl, Turner, Reznor, Lanegan y -en serio- Elton John. Esta nómina de colaboradores podía ser celestial o irrisoria. Con Homme al mando, ¿había alguna duda de que todo iba a encajar? Escuchas el álbum y te sientes culpable por haber dudado. Queens Of The Stone Age ya no es una banda de (solo) stoner. En lo único que se parece …Like Clockwork a lo que tocaban hace diez años es en el nivel de las canciones. Homme y sus secuaces saben que evolucionar no significa añadir elementos porque sí. Algo raro en la actualidad, no han confundido evolución con involución. El pelirrojo que canta y construye riffs apabullantes ni se ha inmutado, sabe que lo que está construyendo ya tiene un hueco en la eternidad.

  • León Benavente (León Benavente): 

leon-benavente

León Benavente es un disco de preguntas. La caverna en la que hoy vivimos obliga a interpretar las canciones en clave de crisis, pero ese solo es un camino. ¿Cómo saber? ¿Cómo saber cuándo hay que disparar / Para abatir o para herir / A este fiero animal canta Abraham Boba en Las hienas. Los componentes de León Benavente estarán hartos de escuchar el nombre de Nacho Vegas cada vez que se habla de ellos, pero es obligatorio. Los cuatro -Boba, Luis Rodríguez, Eduardo Baos y César Vudú– han acompañado al asturiano, y se nota. Las preguntas son el trasfondo, las formas son dos: ironía o desesperación. Se mezclan creando un amalgama propio de Vegas. Ahí está Ánimo Valiente, con ese Tú que sabes lo que fueron los 80/Te mereces todo lo que te pase/Eres  de la resistencia/El cuchillo entre los dientes/Ánimo, valiente o cuando dice Soy un miserable ruin /Y gracias a vosotros sigo aquí /Muera el Rey Ricardo/Grita la jauría fuera de Palacio en Rey RicardoEs evidente que el rey Ricardo es campechano y mata elefantes. Millones de dudas y solo una certeza: Lo que está claro es que algo tiene que cambiar / O si no, se irá todo a la mierda, canta Boba en Década con una melodía punzante, con el tono del que te dice: esto es lo que hay. Y luego está Ser brigada, una road movie. La versión española del On the road de Kerouac. La mejor canción en castellano en siglos. Esto es 2013 y esto es España. Nada más.

  • Monomania (Deerhunter): 

deerhunter-monomania

“No estoy interesado en el punk como una forma estética, y me importa una mierda lo que un hardcoreta piense de nuestros discos. Es un puto encuentro de lucha libre y es patético. Mi idea del punk es no estar interesado en lo que otros piensen del punk.” Hay que tener las cosas claras para decir algo así, para considerarte un punk sin chupa de cuero. Y Bradford Cox tiene las cosas claras. Su motivación es otra. El síndrome de Marfan no es lo único que comparte con Joey Ramone. La obsesión por la melodía dentro de un contexto sonoro distorsionado, esa era la cruzada de Joey Ramone. Y el líder de Deerhunter ha cogido su testigo. Monomania es la mejor expresión -por ahora- de esa fórmula. Cox abraza mil corrientes -psicodelia, folk, garage-, pero su sinceridad y su actitud unifican lo que de otra forma sería un potingue insoportable. Monomania es un músico cantando sobre sus traumas con estilo, sin caer en la autoindulgencia -lo tiene fácil- y con actitud. Porque desafiar a Dios a que demuestre su existencia, cantando  Come on god hear my sick prayer/ If you can’t send me an angel/Send me something else instead no puede tener otro nombre que punk. Y sí, que les den por culo a esos hardcoretas y su lucha libre. 

  • Guadalupe Plata (Guadalupe Plata): 

a0611786056_10

Este es el tercer disco que Guadalupe Plata titula igual. Guadalupe Plata. ¿Para qué más? Dale al play de una vez. Imaginas a Pedro de Dios, cantante y guitarrista, en el momento de elegir la portada. Ese dibujo, venga, dejadme tocar. Pulsas el play y te encuentras con un motor ajustándose. Antes de que te des cuenta, el motor se ha ajustado y cabalga. Nadie sabe adónde va, pero tampoco importa. Lo importante es que cabalga. Ellos lo llaman Blues pantanoso y endemoniado. Si meditas entenderás que es de lo poco no estrictamente musical sobre lo que han reflexionado. El gran mérito de Guadalupe Plata es hacer que esta música -tan americana- no nos suene lejana. Quizá la clave sea ese ritmo castizo de Funeral de John Fahey o el aire procesional de Santo entierro o quizá el blues sea algo tan orgánico y tan propio del ser humano que da igual dónde se haga si se hace bien. Llámalo psychobilly o hillbilly o como quieras. Guadalupe Plata descubre a sus demonios y se enfrenta a ellos. Levanta la alfombra con el hacha en la mano. El paisaje es desértico y los campesinos levantan la vista y se ponen la mano sobre los ojos cuando una guitarra viene de tan abajo y apunta tan alto. No es Mississippi, es Jaén.

  • Walkin on a pretty daze (Kurt Vile): 

e3c03c95f85ef3dd9422e36b2bf98e36

Kurt Vile canta desde el limbo. Si la palabra sopor tiene una acepción positiva cuando hablamos de un músico, es gracias a Vile. Circula por un camino sin asfaltar. A un lado tiene la tradición americana. Al otro, la psicodelia. Lleva las gafas puestas y se dice a sí mismo que adelante, que el camino sigue ahí, que queda mucho por recorrer. Pero por el rabillo del ojo lo ve todo. Y ese todo está en su música. Vile sigue la senda que dibujaron Syd Barrett y Kevin Ayers. Americana, psicodelia, lo-fi y noise. Todo junto y mejor concebido que Smoke ring for my halo, su anterior referencia. Y a veces se cuela entre los pesos pesados y muestra la frescura que hace tiempo desapareció en Wilco. Y coge a  Jeff Tweedy  por el hombro y le explica que lo esencial es ir al grano, pero que si el corazón te dice que des un rodeo, lo das. Pero que se olvide de dar rodeos para enseñarle a la gente el último pedal que le han construido.  Y a veces la atmósfera es tan perfecta que la canción se desprende de su autor. Un autor que ya no tiene nada más que decir, pero que sonríe al ver que lo ha conseguido. El disco termina y te pegas una hostia, porque nadie crea esas líneas de guitarra. Porque esto no es lo normal.

  • Los Zigarros (Los Zigarros): 

0602537407897

Lo siento, pero ya no puedes decir que hace años que en España no se hace rock n´roll. O que hace años que no sale una buena banda de rock n´roll en castellano. Ya sabes, ese tipo de frase. Ya no puedes. Hay dos hermanos en Valencia que llevan tocando un montón de años y que han creado una banda que se llama Los Zigarros. Recuerda el nombre, porque es la banda culpable de que ya no puedas decir esa frase. Los Zigarros son los hermanos TormoOvidi canta y toca la guitarra rítmica, Álvaro toca la guitarra solista-, Nacho Tamarit a las cuatro cuerdas y Adrián Ribes con una baqueta en cada mano. La base de lo que hacen la has escuchado ya en Los Rodríguez, Platero y tú, Tequila y M-Clan. Pero ellos son nuevos. Ovidi lo tiene claro: “Yo creo que cada cosa con poso y talento que salga es nueva. Nosotros aportamos canciones nuevas y nunca sonaremos a los Stones, por mucho que nos gusten. Como forma artística todo está inventado desde hace 60 años, pero se trata de canciones.” Producido por el gurú Carlos Raya, el debut de Los Zigarros rebosa actitud -la clave para que estos tres acordes y cuatro quintas resulten atractivos- y calle. Lo de siempre: amores perdidos, sexo, la vida al margen y un futuro negro. Lo que solo será viejo cuando dejemos de enamorarnos, de follar y de ser -o querer ser- libres.

  • We Are the 21st Century Amassadors of Peace & Magic (Foxygen): 

comedysoundtrack.11183v9

Hay algo en la voz de Sam France que recuerda a unos jóvenes Paul McCarntey, Ray Davies o incluso Lou Reed. No hablo de timbres. Es la  sensación de cabalgar sobre una canción. Cabalgar de forma muy diferente a como lo hacía Jim Morrison. Cabalgar sonriendo, siendo consciente de que estás hablando sobre ser joven y no estás siendo cursi ni pomposo. Caer en la cuenta de que algo está en ebullición, como aquellas Liverpool, Londres o Nueva York. Está claro que los miembros de Foxygen han escuchado mucho a los Beatles -tanto como Kevin Parker- y que en cuanto alguien mezcle melodías con psicodelia será comparado con los fab four, pero Foxygen son mucho más que un homenaje. En la canción que da título al álbum escuchas a France en su habitación, frente al espejo. Con una cinta en el pelo y moviéndose como Grace Slick. France grita con un peine en la mano: We are the 21st century ambassadors of peace & magic para luego reafirmarse: We are the 21st century. Nosotros somos el siglo XXI. En la boca de Win Butler, la frase sonaría insoportable, pero Sam France no te está dando una conferencia. Te cuenta que ellos son el siglo XXI justo en el momento en que se ha dado cuenta. Además es sarcástico: nada de embajadores de la paz y el amor. EMBAJADORES DE LA PAZ Y LA MAGIA. Es la única forma de decirlo en 2013 y no sonar ridículo. Y a ver quién no se lo cree.

  • Pick me up (Truth & Salvage Co.): 

TruthSalvage_Pick_cover-e1372385585859

Ahora que la música norteamericana es un océano y no llevamos suficiente oxígeno encima, ahora que los Avett Brothers se miran el ombligo. Ahora que Dylan quiere ajustar cuentas con la Historia y publica el buen material que rodeó a su primer batacazo. Ahora aparece Pick me up. Pick me up es The Band viviendo en el Washington de los 80. Siguen a lo suyo, pero por la ventana entra la distorsión de Fugazi. Es decir, Pick me up es americana. Es lo que pasaría si Levon Helm y Robbie Robertson y Rick Danko y Richard Manuel y Garth Hudson tocaran juntos en 2013. No solo por el hecho de tocar juntos en 2013, de seguir vivos, sino por haber plasmado en sonidos lo que ha pasado desde que mandaron a la mierda a los hippies y se encerraron en el sótano de Big Pink. En Truth & Salvage Co. escuchas a cinco tipos cantando a la vez, pero en orden. Cada uno levanta la mano, y es la canción la que va señalando a cada uno. Cogidos de la mano de ese colibrí barbudo llamado Chris Robinson, la banda californiana dibuja un mapa que abraza la tradición americana sin caer en los tópicos y sin lloriqueos. Pick me up es preciosista sin ser engolado. El amor por transmitir una idea tradicional aportando un sello renovador ahuyenta cualquier atisbo de aburrimiento.

  • Floating Coffin (Thee Oh Sees): 

d7d20a76

La primera canción es una locura. I come from the mountain es todo lo que debería ser la primera canción de un disco. Un puñetazo que no te revienta, pero casi. Te aturde. La canción termina. Pasa un rato y entiendes que John Dwyer solo quiere romper tus tímpanos, le da igual cómo. Pero el disco no termina de ser redondo, no es compacto. Encuentras defectos en todo: que si Dwyer es un pretencioso, que si su música es un chicle pisado, que no sabes adónde quiere llegar. Pero no quitas el disco. Y el disco sigue su camino. Y te preguntas por qué no apagas el reproductor. Suena la atmósfera de No Spell. Te das cuenta de que Dwyer es un gran talento. Piensas que Floating Coffin podría ser un disco horrible, pero te vas entendiendo el proyecto de Thee Oh Sees. Hacen rock de garaje mezclado con mil vertientes, pero las canciones no son bombas instantáneas. Son contundentes y directas, sí. Si no hubiera nada más, los de San Francisco serían una banda más, paja de Pitchfork. Pero hay algo más. Floating Coffin termina y parece que no ha pasado nada. Crees que has perdido 40 minutos, pero algo te golpea. Es Dwyer y te está obligando a reflexionar. Y entonces sí que acaba contigo. Es un tiro retardado, pero da igual. Acabas en el suelo.