Los Zigarros (Los Zigarros): en medio de un huracán

0602537407897

Nos plantamos en 2013. Casi todo es una mierda. Tenemos más de 20 años y menos de 25. Las frases:

-“Sois la generación más preparada de la Historia del país y la que tiene menos futuro.”

-“Sois la primera generación que va a vivir peor que sus padres.”

-“Sois cómodos, nacisteis con todo hecho. Nosotros luchamos cada cosa que conseguimos.”

Tenemos nuestra historia. Tenemos nuestros mitos, nuestros ídolos caídos. Tenemos la película de nuestra generación. Pero nos hemos plantado en 2013 y nuestra generación no tiene una banda de rock and roll. Escuchamos a Burning, a Loquillo y a Tequila. Son grandes. Quizá sean inmortales, pero no son de nuestra generación. Sí, el rock and roll son tres acordes y habla siempre de lo mismo, pero faltaba frescura.

Los Zigarros no han inventado nada. Hablan de lo mismo que Burning o Tequila. Siguen los mismos patrones, pero en 2013.  Los Zigarros son los hermanos Tormo (Ovidi al micrófono y Álvaro a la guitarra), Nacho Tamarit al bajo y Adrián Ribes a la batería. En junio publicaron su debut, homónimo. Amparados -y exprimidos- por Carlos Raya, los valencianos son una excepción. En un panorama musical invadido por pop blandengue, que confunde introspección con ñoñería, se supone que el rock and roll de toda la vida debería quedar relegado a sellos residuales. Los Zigarros tocan rock and roll de toda la vida y lo hacen desde Universal. Esto puede significar que:

a) La apuesta de Universal España no vaya más allá de su necesidad de llenar un hueco llamado rock.

b) Los Zigarros, desde una plataforma tan grande, se erijan en algo más grande de lo que son.

El tiempo dirá, pero todo encaja: Universal se fijó en los hermanos Tormo cuando formaban parte de Los Perros del Boogie y telonearon a AC/DC en los cinco conciertos que los australianos ofrecieron dentro del Black ice tour. Dos hermanos resultones. Un nombre que se declara pariente lejano de Los Rodríguez. La fórmula funciona. Pero los hermanos Tormo no te venden la moto. La fórmula funciona amparada por su música. Tienen toda la actitud de Pereza y, encima, más rock and roll.

Ovidi Tormo (cantante y guitarrista rítmico) y Álvaro Tormo (guitarrista solista)

Ovidi Tormo (cantante y guitarrista rítmico) y Álvaro Tormo (guitarrista solista)

Cayendo por el agujero es la primera canción. Con cinco segundos basta para saber que es un trueno. Ese riff nos hace pensar en AC/DC. Pero solo es la primera referencia. Ovidi coge el micrófono.  Su voz está emparentada con la de Carlos Tarque, pero su actitud es otra. Ovidi canta como si Carlos Tarque se olvidara de que es un crooner. Como si tuviera algo muy urgente que contar y tuviera que ir al grano. Como si esas negras que le hacen los coros se hubieran ido con Joe Cocker. Es la tónica del disco: canciones urgentes, guitarrazos, estribillos redondos y ese aura trasnochada -y esos uuuuh- de los Stones. Podrían parecer prefabricados, pero Los Zigarros son auténticos. Respiran lo que tocan. Son sinceros. Cuando en Voy hacia el mar Ovidi canta Porque en los buenos tiempos/ no hacía falta mirar el reloj, sientes su amargura al ver cómo pasa la vida, cómo el sigue aferrado al rock and roll, quizá lo único que tiene.

La canción clave es Tras el cristal. Son cuatro minutos de lluvia. Ovidi se asoma al balcón con un cigarro en la mano. Se lamenta. De nuevo ve cómo pasa el tiempo: Llueve encima del mar/ mientras los días se amontonan/ como gotas tras el cristalEs el reverso doliente de Voy hacia el mar. Es la canción que dota de credibilidad al disco, después de los momentos macarras de Voy a bailar encima de ti No obstante lo cual (homenaje a Pappo)o Dispáramecon un aguijón propio de Los Ratones Paranoicos.

Pero la mejor del lote es Como un puñalLos Zigarros son como Los Rodríguez (o como Platero y tú), pero sin la literatura de Calamaro (o de Fito Cabrales). En Como un puñal, la distancia se acorta. La letra es menos explícita. Hay estrofas avasalladoras como:

Porque esta vez se terminó

Y yo quise mantenerte bajo mis alas

Y otra vez se quemó la cocina

Y todo lo que estaba bien

Es todo lo que ahora está mal

Solo la desesperación lleva a mezclar la metáfora de la cocina con versos tan básicos como Y todo lo que estaba bien/ Es todo lo que ahora está mal. Lección I de la Escuela Calamaro.

Lo mejor del álbum es el regusto que deja al final. Aquí hay amor por una idea: tres o cuatro acordes y a ladrar. A ladrar la amargura que llevas dentro. Ahora que nos ahogamos entre sintetizadores, una idea tan elemental cobra fuerza. Elemental y eterna. Nada más humano que coger una guitarra y cantar.

Nos plantamos en 2013 y casi todo es una mierda. Quizá Universal no apueste de verdad por el rock, y Los Zigarros sean un espejismo. Pero es posible que no. Tienen canciones y alma. Lo tienen todo.

Santini Rose