13 (Black Sabbath): sobrevivir en la edad de la razón

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El productor encerró a tres sexagenarios y a un cuarentón en una habitación. Empezó a sonar un disco grabado hace 43 años. Uno imagina sonrisas entre las arrugas de los tres sexagenarios. El cuarentón mueve la cabeza sin parar. Se sabe el disco de memoria. 38 minutos después, el disco termina. El productor se apoya en la mesa y dice a los tres sexagenarios y al cuarentón: Imaginad que estamos en 1970. Acabáis de publicar esto y ahora vais a grabar vuestro segundo disco. 

El productor es Rick Rubin. Los tres sexagenarios se llaman Ozzy Osbourne, Tony Iommi y  Geezer Butler e inventaron, junto a Bill Ward, el heavy metal. El cuarentón se llama Brad Wilk y toca la batería en Rage Against The Machine. Ahora podrá decir que tocó en un disco de los Black Sabbath originales. Originales pero sin el batería Bill Ward, unos millones de menos o unas pretensiones de más tienen la culpa. La reunión ya se anunció el año pasado: el 12/12/12 anunciaron su intención de dar una serie de conciertos y grabar un disco con Rubin. Un linfoma impidió a Iommi llevar a cabo sus planes. Una vez estabilizado, el proyecto volvió a estar en el horizonte de Black Sabbath. Así, el 10 de junio veía la luz 13el primer álbum con Ozzy desde Never say die!, de 1978.  Claro, había una gran expectación. De un lado estaban los que depositaban grandes esperanzas en 13; de otro, los que habían sacado el hacha y salivaban. Solo hay que escuchar lo mal que canta Ozzy en sus últimos discos, decían.  Son esos críticos que tienen media reseña hecha antes de escuchar un disco.

Geezer Butler, Brad Wilk, Ozzy Osbourne y Tony Iommi

Geezer Butler, Brad Wilk, Ozzy Osbourne y Tony Iommi

Es cierto: Ozzy canta cada vez peor. Y no es lo mismo que decir: Leonard Cohen canta cada vez peor, porque Ozzy nunca ha tenido una buena voz. No es nada que no esperáramos. Pero tras el cristal estaba Rick Rubin, productor especializado en sacar del geriátrico a viejas glorias, convencerlas de que siguen vigentes y ponerlas en circulación. Lo hizo con Neil Diamond, con ZZ Top y -mejor que con nadie- con Johnny Cash. La tarea del productor era mitigar las carencias vocales de Osbourne. Y lo ha hecho. No sabemos las horas que le habrá costado, pero Ozzy no desentona. La fórmula: dar mayor importancia a la guitarra de Iommi. Y Tony Iommi aún sabe cómo tocar una guitarra. Esa es la principal virtud de 13, la inteligencia de Rubin al poner en el centro al que siempre fue el líder espiritual -que no mediático- de la manada.

13 es Black Sabbath intentando demostrar que todavía son capaces de marearte con sus martillos. A ratos lo consiguen. Uno de los grandes aciertos del disco es su apuesta por los tempos lentos. Aquí no hay sitio para las galopadas de Paranoid.  Solo dos canciones están por debajo de los cinco minutos. La banda es consciente de que los años han afectado menos a su potencia sónica que a la voz de Ozzy. Se demuestra en End of de beginningPasa un minuto hasta que escuchamos a Osbourne. Hasta entonces, Iommi, Butler y Wilk han construido una telaraña de acero. Ozzy entra reptando, con dudas, ¿is this the end of the beginning or the beginning of the end? La telaraña se termina rompiendo y se crea el silencio. Iommi suelta una descarga, dispuesto a construir otra telaraña. Ha cambiado la marcha. Así funciona el disco: cuando se vuelve aburrido y repetitivo, aparece el guitarrista para mostrar el camino.

Otra virtud del disco es el contraste entre la potencia de la banda y la fragilidad que muestra Ozzy en canciones como God is dead? Los Black Sabbath de 1970 no hubieran añadido la interrogación al final del título. Hubieran afirmado: Sí, Dios está muerto. Y nosotros venimos del infierno. Esa interrogación son 40 años. La pregunta no es pretenciosa: se preguntan si Dios está muerto y no tienen la respuesta. Al final de la canción queda claro que Dios sí existe. Dios es cada hachazo que suelta Iommi cuando Ozzy canta el estribillo.

En algunas canciones resuenan ecos de los dos primeros discos de la bandaHablamos del olor a N.I.B. que desprende Loner o la línea que une a Zeitgeist con Planet CaravanEl mejor verso lo deja Age of reasonOzzy ya ha ajustado su voz y se siente a la altura de Iommi, imperial en todo el álbum. El cantante suelta: in the age of reason, how we do survive? Ahí está ese idealismo que siempre hizo entrañable a Ozzy y que alcanzó su culmen en War pigsSin embargo, la canción es repetitiva. Este adjetivo se pueden aplicar a las tres canciones restantes. No son insustanciales, porque Black Sabbath nunca hará nada insustancial, pero no aporta mucho más a lo mostrado en la primera mitad de 13. La mejor de este tramo es Live ForeverOzzy se vuelve a mostrar ambiguo: I don´t wanna live forever but I don´t wanna dieResulta coherente. Alejado de esas frases estúpidas que se marcaba Iggy Pop en Ready to diesu último disco con los Stooges. Ozzy tiene el espíritu de aquel cabestro que salió de Birmingham gracias a su banda (I don´t wanna live forever) pero tiene 64 años y se aferra a la vida (I don´t wanna die). Al final de la canción parece llegar a una conclusión: si no quiero vivir para siempre pero tampoco morir, solo me queda el heavy metal.

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Ozzy Osbourne y Tony Iommi

La presencia de Brad Wilk se nota en cada pasaje instrumental. Mientras Bill Ward hubiera guiado las canciones hacia terrenos blues, el de RATM se muestra contundente, devastador. A veces le falta la cintura de Ward. Lo bueno: como Black Sabbath inventó el metal, Wilk no desentona. Simplemente es otra vertiente.

13 termina con unas campanas salpicadas por la lluvia (Dear Father). Así empezaba su debut (Black Sabbath). El círculo está cerrado.

Quizá este sea el último disco de Black Sabbath. Si fuera así, no habría ninguna deuda.  13 es lo máximo que pueden hacer estos Black Sabbath, un homenaje que no cae en la nostalgia. Un homenaje que no es redondo pero que va más allá de la dignidad. Pese a que el álbum suena actual, el respeto que la banda tiene por su legado se escucha en cada acorde. Eso es lo mejor de 13: la intención de respetar los cimientos de la banda. Quien pensara que este disco sonaría como aquellos seis primeros discos no vive en 2013. Es imposible recrear aquel marco espacio-temporal.

Kadavar han publicado este año su segundo disco, Abra KadavarLa banda alemana se ha erigido bandera del revival  del rock setentero que vivimos. Abra Kadavar supera a 13 por mil razones. Black  Sabbath no han intentado estar a su altura. Han hecho el disco que tenían que hacer. La Historia ya sabe en qué lugar están.