Hombre lobo (Eels): toda la verdad

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Cuando Eels publicó en 2009 Hombre lobo ya había creado la banda sonora vital de su líder, Mark Oliver Everett, en seis discos. Científicos geniales que tornan locos, suicidios, familiares en un avión un 11 de septiembre, el cáncer, contratos que mueren antes de nacer y terapias. Sin caer en la recreación del dolor, Everett trató cada drama (y cada alegría, que también las hubo) con una sinceridad que le convirtió en uno de los músicos más personales de su generación. Hombre lobo es el primero de tres álbumes conceptuales en los que Everett cantó al amor.

Hombre lobo es el disco más difícil que ha grabado Eels. Su anterior referencia, Blinking lights and other revelations (2005), es un doble álbum que explota cada sensación de Everett. Según la mayoría de la crítica, su mejor trabajo. E declaró la guerra al pudor. Y ganó. El barbudo de Virginia guardó más silencio que nunca: hasta cuatro años sin editar material nuevo. Hombre lobo es la antítesis a Blinking lights. Tras una terapia en Alemania, Everett se enamora de una rusa. Para que ella pueda ir a EEUU con él, solo les queda una salida: el matrimonio.

Además de la honestidad, la gran herramienta de Everett es la ironía. Expresa dolor y euforia, siempre con el filtro de una sonrisa escéptica. Impresiona la capacidad que tiene para tomar distancia con su propia historia y contarla como una tragicomedia. Sin ser un moralista, Everett extrae conclusiones y las canta. Parece que hubiera leído aquel poema en el que Pessoa clama: Dios mío, ¿por qué para ser feliz es preciso no saberlo? Entonces, mira a su alrededor y su corazón se acelera al pensar que, quizá, esté siendo feliz. La vida le ha dado tantas hostias que se siente obligado a celebrar esa posibilidad de felicidad. Entonces grita, golpea con la guitarra, aúlla, se convierte en un lobo, es poderoso, baila como Chuck Berry, es un crooner, mueve las patas de su perro al ritmo de la música.

Everett incluye a su perro, Bobby Jr., en los créditos

Everett incluye a su perro, Bobby Jr., en los créditos

Se da cuenta de que parece un adolescente y para. ¿Qué mierda estoy haciendo? se pregunta. Y después, más preguntas. Eso es Hombre lobo. 12 canciones. 40 minutos. La banda al completo: Everett al micrófono y la guitarra, Koool G Murder a las cuatro cuerdas y Knuckles a la batería. Las canciones van al hueso.

Los discos de Eels se pueden entender como una semana en casa de Mark Oliver Everett. En Hombre lobo lo imaginamos canturreando antes de ponerse de etiqueta para salir con su chica.

Prizefighter es el despertar. E se despereza entre guitarrazos. Con That look you give that guy llega el primer golpe:

That look you give that guy

I wanna see

Looking right at me

If I could be that guy

Instead of me

I´d be all I can be

 

I´m nothing like what I´d like to be

I´m nothing much it´s true

I lack the style and the pedigree

And my chances are so few

(Esa mirada que le lanzas a ese tipo

Yo la quiero ver

Mirándome a mí

Si yo pudiera ser ese tipo

En lugar de ser yo

Sería todo lo que pudiera ser

 

No soy nada de lo que me gustaría ser

No soy mucho, es cierto

Carezco de estilo y pedigrí

Y mis posibilidades son pocas)

Everett canta asegura amor puro con la fuerza de un pagafantas. That look you give that guy es la version de Creep que hace un tipo más pringado que aquel Thom Yorke. La única fuente de energía de que dispone E es el deseo. En Suites imperiales, Bret Easton Ellis dice que el sexo, o la promesa de él, es la fuerza que mueve el mundo. Everett es un romántico, pero hay algo de eso en la manera en que canta en Tremendous Dynamite o Fresh blood. Antes de que diga que es el Hombre lobo ya nos ha quedado claro con su aullido. Es muy difícil cantar mejor sobre el sexo. En estas canciones, se siente poderoso. Nadie le podría derribar. En Fresh blood se muestra al nivel del brujo Mark Lanegan. My sweet baby, I need fresh blood, canta sobre una base electronica. Fresh blood es lo más agresivo que ha cantado Everett junto a aquel martilleante Souljacker. Entre Tremendous Dynamite y Fresh Blood escuchamos The longing, que nos demuestra que Everett no es un cínico. Por si hay alguna duda, está hablando de amor:

Surely there are other things to life

But I can´t think of one single thing

That matter more

Than just to see her

Her smile

Her touch

Her smell

Her laugh

 

(Seguro que hay otras cosas por vivir

Pero no puedo pensar en solo una

Que signifique más

Que solo verla

Su sonrisa

Su tacto

Su olor

Su sonrisa)

 

Lejos de ser cursi, la ingenuidad de las letras de Everett es una de sus mayores virtudes. No intenta giros imposibles. Se hace palpable la influencia del Plastic Ono Band de John Lennon. E cierra Hombre Lobo con Beginner´s luck y Ordinary man. Dos canciones en las parece hablar de que hay algo hermoso en todas las batallas que ha librado. Lo hermoso de seguir adelante. Tiene grabada a fuego aquella sentencia de Samuel Beckett que decía: Inténtalo. Vuelve a fallar. Falla mejor.

Fograma del videoclip de Fresh blood

Fograma del videoclip de Fresh blood

En menos de 14 meses, Eels publicó los otros discos de la trilogía: End times, que trata la destrucción del amor, y Tomorrow morning, la construcción sobre las cenizas, la huida hacia adelante.

Hombre lobo contiene todas las virtudes de Eels: arreglos lo-fi, ironía- presente ya en la portada, un homenaje a las cajas de puros Cohiba-, pasión y verdad. En Eels todo es de verdad. Quizá esa sea una de las razones por las que jamás dejará de ser un músico de culto: cuando su discográfica espera un álbum que profundice en las excavaciones del anterior, E entrega uno totalmente diferente. Un detalle que dice mucho sobre su integridad como artista, su  respeto por la música que tanto ha hecho por él.