Electric Ladyland (The Jimi Hendrix Experience): y después nada será igual

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Allí grabaron Led Zeppelin, Bob Dylan, David Bowie o Patti Smith en los setenta. Hace menos, trabajaron allí The Black Crowes, The White Stripes, Ryan Adams, Radiohead o Arctic Monkeys. Aquello había sido creado para convertirse en la casa del artista. A principios de 1969, el artista lo concibió. Se lo transmitió al arquitecto John Storyk, que solo tenía 22 años. Un año y medio después, se inauguraban los Electric Lady Studios. La iniciativa era revolucionaria: Electric Lady era el primer estudio de Nueva York creado por -y para- un artista. Sí, el artista es Jimi Hendrix. Aunque apenas lo disfrutó, el detalle muestra que Hendrix fue un visionario más allá de su genialidad a la guitarra.

Dos años antes de que los Electric Lady Studios abrieran, Hendrix grabó un disco monumental. 1968. Fleetwood Mac publicaron su debut. The Band, aquella asociación divina con Dylan titulada Music from Big Pink. Cream crea Wheels of fire y los Stones inician su época (más) gloriosa con Beggars banquet. The Beatles se van a India y, de vuelta, publican el que quizá sea el mejor álbum de la historia del rock: The Beatles, más conocido como The White Album.

El álbum de Hendrix se tituló Electric Ladyland. Fue el último que facturó con The Jimi Hendrix Experience, aquella banda que formó con Noel Redding al bajo y Mitch Mitchell a la batería y con la que grabó Are you experienced? (1967).  La Experience  estaba en proceso de descomposición. El carácter de Redding chocaba con el de Hendrix, que parecía buscar algo nuevo. Dos años después diría, antes de su concierto en isla de Wight, a Melody Maker:

Quiero un gran grupo. Y no me refiero a tres arpas y 14 violines. Quiero un gran grupo lleno de músicos competentes a los que yo puede dirigir y para los que pueda escribir. Y con la música pintaremos cuadros de La Tierra y el espacio, para que el oyente pueda ser transportado a otra parte.

En Electric Ladyland ya se nota ese espíritu de cambio. Tocan Buddy Miles, Dave Mason y Steve Windwood (Traffic), Fred Smith (Blondie, Television), Brian Jones, Jack Cassady (Jefferson Airplane) o Al Kooper (organista de Dylan). El resultado, majestuoso. 45 años después, Electric Ladyland sigue quemando. Sin embargo, este disco no se podría grabar hoy. La relación entre las canciones (los mantras que se repiten, el solapamiento de melodías, el espíritu) habla de una continuidad narrativa que no encontramos en los discos de hoy. Sin ser un álbum conceptual, el segundo disco Hendrix transmite una sensación unificada: un viaje -sobre su voz, guitarra, bajo y batería- que transforma su mezcla de blues y psicodelia en algo supremo.

Dejemos algo claro: Jimi Hendrix no tocaba la guitarra como si su vida dependiera de ello. La vida de Jimi Hendrix dependía de tocar así la guitarra. Decíamos que Electric Layland es un viaje que transforma el blues y la psicodelia. En este viaje hay distorsión y melodía, aullidos y susurros. Este viaje hubiera sido imposible sin la maestría de Redding y Mitchell. Para muchos, la Experience es el power-trío más versátil de la historia, el más atípico, vibrante y sexual. Eran dos músicos con apariencia de blandengues que habían salido del Swinging London para unir fuerzas con esa fuerza de la naturaleza que nació en Seattle pero que se instaló en Inglaterra. Así definió Pete Townshed el resultado:

Era mejor que el LSD. Lo que tocaba era ruidoso de la hostia,  pero también increíblemente lírico y magistral. Consiguió construir un puente entre la verdadera guitarra blues…y los sonidos modernos”.

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Noel Redding (bajista), Jimi Hendrix (cantante y guitarrista) y Mitch Mitchell (baterista)

Quizá ese sea el punto en el que Hendrix adelantó a Clapton, aunque esa es otra historia. En Electric Ladyland encontramos jams de más de 10 minutos –Voodoo  Chile 1983… (A Merman I Should Turn To Be)– momentos de máxima inspiración de Redding –Little Miss Strange– y trucos sin trampa. Hendrix era capaz de sonar complejo desde un prisma minimalista: aparentemente, su estilo es simple, y de la batería de Mitchell parece manar esa energía que golpea como remedio a todos los males. La realidad es otra: Hendrix dominaba cada palmo del estudio, no se quedó en su don a las seis cuerdas, controlaba las mezclas, cada matiz. Quizá ahí se encuentre su mayor rastro de genialidad, en esa facilidad para llevar a un terreno sencillo, simple, elementos muy desarrollados.

Voodoo child (Slight return) cierra el disco. Es una síntesis de todo Electric Ladyland. Hay blues, hay rabia, hay desarrollos instrumentales. Al final del viaje, el colofón. Antes, hemos escuchado una versión de la Dylaniana  All along the watchtowerLa mejor versión de la Historia del rock. Si Hendrix solo hubiera grabado esta canción, ya sería uno de los artistas más grandes de siempre. All along the watchtower es de Hendrix. Sí, Dylan la creó, pero el de Seattle la desarrolló. La convirtió en suprema. El propio Dylan dijo:

Me gusta como Jimi Hendrix versiona mis canciones. Las toca como si yo fuera Jimi Hendrix.

No es posible que exista una sentencia más agradecida. Más aún, desde la versión de Hendrix, el bardo de Duluth interpreta la canción como él. Jimi desborda pasión por la música, por uno de sus ídolos, por la vida. Hablamos de una de las canciones que mejor representan al ser humano. Su chabacanería está presente en la (genial) letra de Dylan, sus posibilidades están en la interpretación de Hendrix. Aquí alcanza su punto máximo otra de sus virtudes: Hendrix era un grandísimo cantante. Aún manco, se podría haber ganado la vida haciendo rock.

Portada de la edición británica de Electric Ladyland

Portada de la edición británica de Electric Ladyland

Jimi dio instrucciones para que la portada de Electric Ladyland fuera la unión de una foto de cada integrante de la banda. En la contraportada aparecerían rodeados de niños, una fotografía tomada por Linda (todavía no McCartney) Eastman. La discográfica pasó de él. Colocó un primer plano suyo en rojo y amarillo. En la edición británica hubo lío: la discográfica decidió utilizar una famosa foto de David Montgomery. Situaciones como esta cansaron a Hendrix e hicieron que la idea de crear un estudio donde cobijarse cobrara fuerza. En Electric Ladyland ya está presente ese concepto de una cueva acorde con sus necesidades. Dos años más tarde publicó su último disco en vida con su nuevo grupo, Band of Gypsys. Buddy Miles a la batería y Billy Cox (antiguo amigo de Hendrix en el ejército y en sus primeros pasos musicales) al bajo dieron forma al último disco, homónimo, del mayor visionario que jamás ha tocado una guitarra. Band of Gypsys es un álbum en directo -obligaciones contractuales- que muestra a un Hendrix cansado, aunque siempre genial. Ahora que cada año se publican discos nuevos del guitarrista americano -discos con tomas sin terminar-, merece la pena recuperar su obra suprema. Nada de escuchas fragmentadas. Si prestas atención, Electric Ladyland te atrapa y no te suelta hasta que desaparece. Y después nada será igual.