Monomania (Deerhunter): Mirando a los ojos

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Aunque se publicó en mayo, Monomania llevaba desde abril en la red. Monomania es el sexto álbum de Deerhunter y has encontrado su portada en cada lista sobre los mejores discos de lo que va de año. Imagino que esa portada te ha llamado la atención.  Muestra el título en luces de neón naranja. La luz deja entrever lo que podría ser un escaparate o un banco o un muro o un taller. El resto es oscuridad. La portada muestra qué hay en el disco. Monomania es la oscuridad. No sabemos qué hay en la oscuridad, pero tampoco lo que hay detrás del débil foco de luz que Deerhunter proyecta. Bradford Cox, líder de la banda, anunció hace unos meses que su nuevo disco abrazaría al rock and roll. Cox es un chico listo, y sabe que para que la mezcla no sea un potingue insufrible es preciso que haya un hilo conductor, un pegamento que vertebre cada disco. En Monomania, ese pegamento es el rock and roll.

Neon Junkyard es la primera canción del disco. Ya encontramos diferencias con Halcyon Digest (2010). Deerhunter ha creado un disco más directo, menos evasivo. Cox canta recordándonos su historia. Su infancia fue dura: el síndrome de Marfan, una degeneración de los tejidos conectivos que afecta a los órganos internos y al esqueleto, hizo que el joven Cox fuera muy alto y delgado para su edad.  Cox se refugió en la misma fuerza que Joey Ramone, también con Marfan, hace 40 años. Cox se refugió en la música. Grababa sus sesiones en grabadoras de dos pistas. Este sonido lo-fi quedó marcado a fuego en su estilo, algo parecido le pasó al líder de Eels, Mark Oliver Everett. Cox canta aburrido, harto de sí mismo. Lo fácil sería cimentar una carrera artística sobre lo mucho que sufrió de niño, pero no existe la autocompasión. Cox no se recrea en sus males. Solo los expulsa.

Leather Jacket II explora el camino que adivinábamos con Neon Junkyard. Es posible que sea la mejor canción del disco. Desde el principio encontramos una melodía distorsionada de guitarra (sí, Cox hace posibles este tipo de supuestas contradicciones) que va creciendo hasta convertirse en un tsunami sónico hijo de los momentos más inspirados de J Mascis y Kevin Shields. Deerhunter siempre ha tenido un pie en la psicodelia, pero no bebe de los Pink Floyd de Syd Barrett, Grateful Dead, Jefferson Airplane o de los Beatles de Revolver y Sgt. Pepper´s. Deerhunter tiene más en común con la psicodelia británica de los 80, con bandas como Echo & The Bunnymen, The Stone Roses o Primal Scream. En Leather Jacket II, Cox deja escapar su ira, con momentos de un fuego punk que parece inextinguible.

Josh McCay (bajista), Lockett Pundt,  Bradford Cox (cantante y guitarrista), Moses Archuleta (batería), Frankie Broyles (guitarrista)

Josh McCay (bajista), Lockett Pundt, Bradford Cox (cantante y guitarrista), Moses Archuleta (batería), Frankie Broyles (guitarrista)

Que Cox no sea autoindulgente no quiere decir que el dolor no esté presente en su música. De hecho, es el elemento que más late en los discos de Deerhunter. Un dolor maquillado por la ironía de un pringado que tiende a relativizar cualquier forma de éxito o derrota. Ironía, por cierto, propia del mejor Costello. El dolor y la pérdida. La muerte. Así lo explicó Cox en 20 minutos:

La muerte es omnipresente. Aunque no la mencione siempre de forma directa, sino indirecta, para mí todo está relacionado con la muerte. Si escribo sobre una naranja, no puedo evitar referirme al proceso de descomposición. Aunque haya gente que no lo quiera aceptar, lo natural en el ser humano es pensar en su propia muerte. Va a terminar sucediendo tarde o temprano.

El líder de Deerhunter habla de lo natural con un respeto impactante. Cox necesita ser honesto. Después, lo demás. Quizá esa sea la razón de que un álbum como Monomania sea tan variado en cuanto a la sonoridad de las canciones, la intensidad, la textura de las guitarras o las atmósferas. Cortes como The missing o Nitebike recuerdan a Atlas Sound, el proyecto en solitario de Cox. Son momentos calmados, tardes oscuras en una habitación de Georgia. Como arma, solo una guitarra. El impacto de Atlas Sound se encuentra, de forma menos evidente, en el restos de Monomania. Parece como si para abrazar al rock and roll, Cox hubiera tenido que abrazar primero al country y al folk. O a su idea de country y folk. La canción más representativa de este buceo es Pensacola.  Parece que Cox se desmaquilla lo más rápido que puede para asistir a un homenaje a Johnny Cash. Este es su camino.

En Monomania también hay mucho garaje. Sleepwalking, Back to the middlela canción que da título al álbum o Punk (la vie Antérieure)  nos recuerdan las múltiples aristas de Deerhunter. En las cuatro encontramos ecos de aquella maravilla titulada Is this it que una banda -hoy perdida- llamada The Strokes publicó en 2001. Cox y sus chicos se divierten. Aquí se sienten fuertes. Son abrasivos. El desgarbado líder desafía a Dios en Monomania en un alarde de su genial sentido del humor:

Come on god hear my sick prayer

If you can’t send me an angel

If you can’t send me an angel

Send me something else instead

(Vamos, Dios, escucha mis plegarias enfermas

Si no puedes enviarme un ángel

Si no puedes enviarme un ángel

Envíame otra cosa en su lugar)

La cosa, imaginamos, acabó mal. Cox lo sabía antes de abrir la boca. En Punk (la vie Antérieure) canta con el mismo tono resacoso que Kurt Vile. Cuenta su Odisea y su Ilíada. Todo en una tragicomedia. Trágica la historia. Cómica la forma de escribir y cantar:

For a month I was punk

I remembered all my drunk

Younger days in a daze

I would spend my empty days

For a week I was weak

I was humbled on my knees

Pray to God: “Make it stop

Help me find some relief”

For a year I was queer

I had conquered all my fears

Not alone anymore

But I found it such a bore

(Durante un mes fui punk

Recordé todo lo bebido

Los días jóvenes en un sueño

Me gustaría agotar mis días vacíos

Durante una semana fui débil

Me sentí humillado de rodillas

Recé a Dios: Haz que se detenga

Ayúdame a encontrar un poco de alivio

Durante un año fui gay

Había conquistado todos mis miedos

No estaría solo nunca más

Pero me pareció muy aburrido)

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No sé si Deerhunter es la banda de nuestra generación. No sé si es tan buena como nos la pintan la mayoría de publicaciones musicales. Solo Monomania me parece sobresaliente. En el resto de sus discos encuentro una fórmula menos pulida. Aquí está en su punto. Es posible que Deerhunter no sea lo que nos venden, pero es muy bueno. Aunque Bradford Cox se muestra más accesible que en otras ocasiones, Monomania no es un disco inmediato. Para degustar cada detalle hay que tomárselo con calma. Reflexionar. Cox Quiso abrazar al rock and roll y ha abrazado al rock and roll. Hay detalles que muestran su gran pasión por la música analógica. El más significativo es esa insistencia en no cortar las canciones, en solaparlas. Monomania no entiende de géneros ni de etiquetas. Es solo un artista siendo honesto. Para Cox, decíamos, está primero la sinceridad. Después, todo lo demás.