Graveyard (Graveyard): Destrozaremos eso que nos hunde

Graveyard

Diego A. Manrique responde cada 15 días a un chat en su blog de El País. En una ocasión, alguien le preguntó qué tradición rockera prefería, la americana o la inglesa. Medio en broma, Manrique contestó: “Prefiero el rock sueco, que tiene lo mejor del inglés y del americano.” En su momento me hizo gracia la respuesta, pero no imaginaba cuánto de cierto había en ella. La realidad dice que hace tiempo que la Europa continental dejó de ser una fábrica de bandas freaks para Eurovisión. Mejor: hace tiempo que la Europa continental dejó de ser una fábrica solo de bandas freaks para Eurovisión. Más allá de aquella disposición que llevó al krautrock a crear un rock que no estuviera situado en Nueva York o Londres, Europa ha visto crecer bandas increíbles en cualquier registro. Quizá el más habitual haya sido el metal.

El caso de Suecia es especial. Desde los 80 han nacido bandas  de cualquier subgénero rockero, como si quisieran hacernos olvidar a ABBA: Spiritual Beggars, Meshuggah, Mando Diao, OpethThe Hives, Katatonia, Cult of Luna, Ghost o Witchcraft. Son unos ejemplos, pero muy sintomáticos. El rock sueco se libra de un debate que asola a otras escenas europeas no anglófonas: al hablar el inglés con fluidez desde la cuna, el rock sueco cantado en inglés no resulta artificial como, por ejemplo, el rock español cantado en inglés.  En el seno de un país de nueve millones y medio de habitantes se han desarrollado tantas bandas representativas de la música actual como en EEUU (316 millones de habitantes) o Inglaterra (51 millones de habitantes). Algo se está haciendo muy bien en el país nórdico. Pero esa es otra historia.

Me gustan todas las bandas suecas que he escuchado. Pero hay una que ha ido más allá. Se llama Graveyard. Es un cuarteto formado por Joakim Nilsson (cantante y guitarrista), Jonathan Ramm (guitarrista), Rikard Edlund (bajista) y Axel Sjöberg (baterista). Graveyard me ha golpeado. Al mes puedo escuchar unos 10-15 grupos nuevos. La mayoría desaparecen de mi mente. Algunos tienen posibilidades de quedarse. Muy pocos se graban a fuego en la primera escucha. Hace años que ninguna banda me sorprendía tanto como lo ha hecho Graveyard. Lo tienen todo: hacen hard-rock setentero mezclado con psicodelia, blues y soul. Nilsson tiene, además de una garganta prodigiosa, una clase que deslumbra. Sus letras mezclan esa querencia del rock duro por la oscuridad con un tono crítico con la actualidad. Graveyard no es un simple revival. Es una banda fresca. El talento de sus integrantes ha permitido una evolución con cada disco nuevo.

Joakim Nilsson, Jonathan Ramm, Axel Sjöberg y Rikard Edlund

Joakim Nilsson, Jonathan Ramm, Axel Sjöberg y Rikard Edlund

Hasta el momento han grabado tres. El primero de ellos es epónimo y fue publicado en 2008. Graveyard nació bajo el paraguas del sello sueco Transubtans Records. En 40 minutos, la banda acelera, frena, nos adormece, nos despierta, nos agita, nos deja tirados, martillea y acaricia. Uno de los secretos de Graveyard es que, a pesar de su potencia sónica y del torrente de voz de Nilsson, es capaz de sonar frágil. Esta fragilidad permite más vías de expansión que al resto de bandas que han surgido en este entorno, algo más monolíticas. Cada canción de Graveyard es un huracán. Parece como si este primer disco sirviera para que la banda se diera cuenta de la bestia que podían crear cuando conjugaban sus habilidades. Algo parecido transmite Remission,  de Mastodon. La diferencia con el debut de la banda de Atlanta es que Graveyard transmite una mayor conciencia del camino que quieren tomar.

Evil Ways emparenta a la banda de Nilsson con el resto de combos actuales que beben de Cream, Black Sabbath y Led Zeppelin. Hablamos de Kadavar, Wolfmother, Rival Sons o -en menor medida- The Black Angels. En Evil Ways encontramos potencia, guitarras sucias, desarrollos contundentes. Para empezar, un golpe de martillo. Thin Line es la segunda canción. En ella aparece esa fragilidad -o apariencia de fragilidad- que se ha convertido en una seña de identidad de la banda. Aquí aparece lo que hace que Graveyard sea un concepto genuino. Para empezar, la letra. En una entrevista a Ruta 66, Nilsson comentó:

Hay un momento en el que te cansas de todo ello [la crisis], que no quieres ni ver la televisión porque todo es una montaña de mentiras, también aquí en Suecia, donde estamos notando un empeoramiento de las condiciones sociales. Pero enseguida tienes ganas de volver a expresar tu rabia.

La banda cuenta una historia. Algo va mal. De pronto oímos un hachazo en la batería. Se están desgañitando para despertarte:

This time it’s all up to you

We all know you’re on the fast track

You turned the wrong step years ago

Into a deadly parasite

(Esta vez todo depende de ti

Todos sabemos que estás en la vía rápida

Tomaste los pasos equivocados hace años

Te has convertido en un parásito moribundo)

Graveyard nos está hablando a cada uno, como individuos y como sociedad. La letra más explícita viene en la rabiosa Don´t take us for fools. Nilsson canta:

Distracting our minds

Make us all feel we’re fine

Changing our ways and make us feel less

Cause you’re using your brains

And you’re using our homes

To make us lose our senses in useless things

(Distrayendo nuestras mentes

Haciéndonos sentir que estamos bien

Cambiando nuestro camino y haciéndonos sentir menos

Porque estáis usando vuestros cerebros

Y estáis usando vuestras casas

Para hacernos perder el sentido en cosas sin sentido)

Hasta ahí la queja. De la garganta del cantante brota un matiz iracundo. En el estribillo llega la advertencia:

Sometimes

We got to get up

And break down the system

That’s keeping us down

(A veces

Nos tenemos que levantar

Y destrozar el sistema

Que nos mantiene abajo)

Nilsson canta esta estrofa como una advertencia. Y muestra la potencia de Graveyard. Este es el pueblo -parece decir-, es fuerte y si le aprietas demasiado va a derrocarte. Decíamos que además de una garganta prodigiosa, Nilsson tiene clase. Esa clase la demuestra en fraseos vocales como el de Lost in confusionEn todo momento parece cabalgar sobre la música que sus compañeros están interpretando. La forma en que alarga ese I´ve been walking up streams llena de feeling la canción. Cuando la bestia repite un desarrollo instrumental parece descansar. Parece que podremos respirar. Nada más lejos de la realidad. No hemos terminado de asimilar la idea y nos atestan un golpe de guitarra digno del Tony Iommi de principios de los 70. Encontramos estas cuchillas en Right is wrong o en Satan´s finest. La canción que mejor demuestra la versatilidad de Graveyard es Blue Soul. Comienza desde las profundidades. No sabemos de qué. Solo que hay profundidad. Todo es tranquilidad hasta que llegan Ramm y Edlund. Entonces se convierte en un blues con mayúsculas. Un blues potente. Graveyard está más cerca del blues de finales de los 70 que del primigenio, que contaba con un alto contenido de folk. Graveyard suena como si Black Sabbath escucharan a Muddy Waters y quisieran demostrar que no son unos paletos. Además, tienen un matiz stoner en cada fraseo de guitarra.

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¿Es Graveyard la mejor banda de rock del mundo? No lo sé. Pero me planteo la pregunta y dudo. Normalmente me planteo la pregunta y grito un No que diluye cualquier esperanza de afirmación. Después de su debut, el sello Nuclear Blast -cobijo de varias de las apuestas más interesantes del rock actual- se fijó en ellos y les ofreció un contrato. Desde entonces han grabado dos discos: Hisingen Blues (2011) y Lights out (2012). En ellos se nota una mejoría en la producción que no ha significado una pérdida de autenticidad. Nilsson declaró a Ruta 66:

Lo que más destaca en nosotros es que necesitamos probar cosas nuevas en lo musical, para no caer en el aburrimiento. Todos en la banda escuchamos gran variedad de estilos y muchas bandas contemporáneas, no somos unos freaks del revival, y cuando hacemos un nuevo disco procuramos que el resultado nos dé la sensación de que no estamos encorsetados.

Ese es el gran peligro que asola a bandas como ellos y que ha deslucido, por ejemplo, a Wolfmother. Graveyard lo ha conseguido. Han evolucionado sin perder su esencia. Los discos de finales de 60 de los Stones contenían en su libreto la frase: This record should be played loud. Graveyard es una de las (dos o tres) bandas contemporáneas herederas de esa filosofía. Apuntad sus nombres. Van a hacer historia.