The Downward Spiral (Nine Inch Nails): la catarsis ha llegado

BUENANo me gusta la música electrónica. No me resulta creíble. Quizá sea una consecuencia de haber crecido en una época en la que la música electrónica es un reducto de modernos con pies de barro. Modernos que no proponen nada nuevo. No concibo a la mayoría de la música electrónica como una expresión artística. Me sorprende pensar esto, lo único que me gusta menos que la música electrónica es ese integrismo que, por ejemplo, niega que el graffiti sea un arte. Pero hay matices. Entiendo que el rock tenga que evolucionar, el problema es que esa tendencia actual de la mayoría de  bandas  -consistente en rellenar los huecos que dejan sus guitarras con pastiches electrónicos- no es una evolución. 

Las excepciones. La banda alemana Kraftwerk se convirtió a principios de los 70 en la bandera del krautrockun movimiento vanguardista que pretendía hacer un rock nuevo, un rock que no siguiera los parámetros establecidos por la tradición anglosajona. Más allá de la música, el sustento teórico que inspiraba a este movimiento teutón es rompedor, opuesto a la electrónica vacía que llena cada festival. Radiohead publicó en 1997 Ok Computeruno de los momentos cumbre de la historia del rock. Yhorke y compañía entendieron que no podían llegar más lejos tocando una guitarra. Iniciaron una travesía que abrazaba a la música electrónica como un instrumento supremo para expresar alienación, aislamiento y tortura. El resultado ya lo conocemos: álbumes como Kid A -¿el álbum menos humano de siempre?- o In Rainbowsdeclaraciones de guerra con el objetivo de destruir el rock para volver a inventarlo. Depeche Mode utiliza la electrónica (la mayoría de veces) con la intención de crear una atmósfera propicia para que ese crooner que sostiene su micrófono se sienta con fuerzas para  cercenar almas. Ese entramado electrónico es la mecha. Algo parecido pasa con Nine Inch Nails.

En el polo opuesto a Radiohead -aunque con vínculos sorprendentes en el fondo- NIN utiliza la electrónica como un arma. Si Yhorke canta sobre cómo ve desde la distancia un mundo que ya no es humano, Reznor canta sobre cómo luchar en un mundo que ya no es humano. De ahí nace esa violencia, esa furia desatada. Esta propuesta alcanzó su cumbre artística en 1994, cuando NIN publicó The Downward Spiral, su segundo disco. Estamos en 1994: poco después de la publicación de este disco, Kurt Cobain acabará con su vida. Ese mismo año se publican Vitalogy (Pearl Jam), Superunknown (Soundgarden)y Jar of flies (Alice in Chains). La gran novedad que trajeron estos grupos fue una serie de músicos creíbles. Mientras que el rock cardado de los 80 se caracterizó por unos personajes llenos de clichés, artistas como Cobain, Vedder -poseído por el espíritu de Jim Morrison-, Cornell, Staley, Reznor o hasta Axl Rose, hacían la música que manaba de sus formas de vida. Jamás al revés.

ClassicTracks_01

The Downward Spiral es un álbum conceptual. Cuenta la historia que anuncia su título: la espiral descendente de un personaje que cae en la autodestrucción. Hay algo de autobiográfico. Hay religión, filosofía y sexo. Hay algo de metáfora social: un cambio de siglo en un horizonte cada vez más cercano frente a una organización social que engendra individuos alienados. El eje que permite vertebrar esta obra es el nihilismo. Esta actitud permite unificar todos los temas de los que habla el disco como si fueran uno.

La columna vertebral del disco está formada por tres canciones: Piggy, Closer y Hurt. En Piggy, Reznor es un maníaco al que le han enseñado un mantra en el psiquiátrico. Ese Nothing can´t stop me now/ Cause I don´t care parece lo único a lo que se puede agarrar.  Piggy es un intento de controlar la rabia, de pasar por alguien normal. Conforme avanza la canción nos damos cuenta de que es imposible esconder la ira. Hay algo de homenaje a la historia del rock. The Downward Spiral se grabó en la casa  que Roman Polanski y Sharon Tate compartían en Los Ángeles, donde Charles Manson y su familia protagonizaron una masacre con varios muertos, entre ellos la mujer del director de cine. Manson escribió en la pared versos de la canción Piggies de The Beatles. Reznor pensó que sería estimulante crear en una casa en la que hubo tanta violencia.

La apatía late con tanta fuerza como en Menos que cero (Bret Easton Ellis, 1985), otro emblema de la Generación X. Casi al final del libro encontramos este diálogo entre Clay, el progatonista, y Blair, su novia:

-¿Nunca te he importado yo, Clay?
No digo nada, vuelvo a mirar el menú.
-¿Nunca te he importado?- vuelve a preguntar.
-No quiero que me importe nada. Si me importan las cosas es peor. Se convierten en una cosa más de las que me molestan. Es menos doloroso si no te importa nada.

La segunda canción es Closer, quizá la canción más importante que jamás haya escrito Reznor. Closer es el sexo hecho canción. Reznor quiere follarte como un animal y sentirte por dentro. La atmósfera provoca sudores. Se muestra dominante y, a la vez, dominado. Dios y mortal:

You can have my isolation

You can have the hate that it brings

You can have my absence of faith

You can have my everything

Help me tear down my reason, help me

Its’ your sex I can smell

Help me

You make me perfect

Help me become somebody else

(Tú puedes tener mi aislamiento

Tú puedes tener el odio que contiene

Tú puedes tener mi ausencia de fe

Tú puedes tener todo de mí

Ayúdame, desgarras mi razón

Ayúdame, es tu sexo lo que puedo oler

Ayúdame, me haces perfecto

Ayúdame a ser alguien diferente)

James Woolley, Robin Finck,Trent Reznor, Chris Vrenna Danny Lohner,

James Woolley, Robin Finck,Trent Reznor, Chris Vrenna Danny Lohner,

Light my fire de The Doors era sensual. Closer es sexual. No hay nada implícito. Más rabia.  La tercera canción es Hurt, la única que puede competir con Closer. Rick Rubin eligió esta canción para que Johnny Cash la versionara en American IV: The man comes around (2002). El resultado lo conocemos todos: Cash hizo una versión genial; Reznor dijo que la canción ya no le pertenecía, que se sentía como si alguien estuviera follándose a su novia tan bien que él no pudiera reprochar nada. Todos nos apresuramos a decir que era la mejor versión jamás grabada junto al All along the watchtower de Jimi Hendrix. Pero cuidado. La versión de NIN es excelente. Si escuchamos el álbum entero se convierte en suprema. Este Hurt es un lamento después del martirio. Reznor está diciendo que su rabia tiene un porqué. Está diciendo -y demostrando- que le gustaría cantar sobre bonitas melodías y arreglos de violín, pero la vida no le ha dejado. Con su llanto está demostrando que no es un llorica. Muestra, asimismo, su vena poética:

I hurt myself today 

To see if I still feel 

I focus on the pain 

The only thing that’s real 

The needle tears a hole 

The old familiar sting 

Try to kill it all away 

But I remember everything 

What have I become? 

My sweetest friend 

Everyone I know 

Goes away in the end 

And you could have it all 

My empire of dirt

(Me hiero a mí mismo hoy

Para ver si todavía siento 

Me centro en el dolor 

La única cosa que es real 

La aguja rasga un agujero 

La vieja picadura familiar 

Intento matarlo a toda costa 

Pero recuerdo todo 

¿En qué me he convertido? 

Mi más dulce amigo 

Cada uno que conozco 

Se va al final 

Y tú podrías tener todo 

Mi imperio de polvo)

Tras muchos lamentos, la voz de Reznor desaparece, pero la música sigue. El personaje ha caído, pero la vida sigue. Hurt es la canción que convierte a The  Downward Spiral en una obra inmortal.

Hablamos de un disco lleno de detalles geniales. Estas tres canciones dan profundidad, son los cimientos. Pero hay mucho más. La apertura, con Mr. Self Destruct, golpea. Reznor nos presenta al personaje y la influencia de Joy Division. Toda la canción -y probablemente el disco- parece inspirado en estos verso de Ian Curtis en Atmosphere:

Walk in silence

Don’t turn away, in silence

Your confusion

My illusion

Worn like a mask of self-hate,

Confronts and then dies

Don’t walk away

(Caminas en silencio

No te apartes, en silencio

Tu confusión

mi ilusión

vestida como una máscara de odio hacia ti mismo

te hace frente, y luego se muere

No te vayas)

trent2

 March of the pigs es punk sin imperdibles, melodías que se convierten en desarrollos macabros, momentos de metamorfosis. Escuchamos riffs en teclados, baterías lejanas y bajos que intimidan. Esa gente que grita en The Becoming significa el advenimiento de una nueva era. Gritan mientras Reznor avanza. El suicidio está siempre presente. En la canción que da nombre al álbum aparece en primer plano. Es la única solución:

  He couldn’t believe how easy it was 

He put the gun into his face 

bang! 

(So much blood from such a tiny little hole) 

Problems have solutions 

A lifetime of fucking things up fixed in one determined flash

(No podía creer lo fácil que era

Puso el arma sobre su cara

BANG!

(Tanta sangre de un agujero tan dimunuto)

Los problemas tienen solución

Toda una vida de mierda reparada con un determinado flash)

Cada canción de The Downward Spiral escupe sangre. Desde 1994, Nine Inch Nails ha publicado seis discos. En cada uno de ellos sigue estando presente la rabia y la desolación de este, pero ninguno es tan perfecto.  Si el grunge existió fue un movimiento que hablaba más de un sentimiento que de una forma de hacer música. En consecuencia, es tan grunge Creep como Smells like teen SpiritEn consecuencia, The Downward Spiral es uno de los momentos cumbre del grunge. Aunque se han colgado mil etiquetas sobre la portada del segundo álbum de NIN –metal industrial, rock gótico, post-punk– da la sensación de que Reznor intentó captar la esencia del alma humana sin caer (del todo) en nada que ya se hubiera hecho. Escuchar este disco agota. Es como librar cinco batallas al mismo tiempo. Caes agotado. Reflexionas. Entonces lo entiendes todo. La catarsis ha llegado.