Grace/Wastelands (Peter Doherty): los más solitarios

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Si no te gusta el olor británico huye de este texto.

Doherty era el poeta y Barât el punk. Barât iba a la cabeza y sembraba el caos. Después, Doherty caminaba apesadumbrado y hacía poesía a partir de los destrozos. Grabaron dos discos que se encuentran entre la mejor música del siglo XXI. Se influyeron mutuamente. Doherty empezó a destruir(se) y la banda se separó. Barât grabó discos demostrando que había algo de poeta en el punk. Doherty hizo lo contrario. En 2009, 5 años después de la separación de The Libertines, Doherty publicó su primer disco en solitario: Grace/WastelandsPete se convirtió en Peter. Con 30 años dejaba de lado el ruido y se centraba en esa vena victoriana que siempre condujo más sangre a su corazón que el resto.

El caso de Doherty es paradigmático del sensacionalismo que ribetea a Inglaterra: después de cinco discos muy consistentes (solo uno de ellos, Shotter´s Nation, no es excelente), el músico de Hexham es más famoso por su vida personal que por su música. Su drogadicción y su relación con Kate Moss han ocupado más portadas que su talento creativo. Solo hay que leer dos líneas de su entrada en Wikipedia para encontrar el nombre de la modelo. Somos conscientes de la necesidad de la prensa británica, especialmente la musical, en crear nuevos mitos: no pasa un mes sin que NME saque en su portada a la banda que va a (volver a) salvar el rock. Los últimos han sido los endebles Palma Violets. Doherty se convirtió en el reverso masculino de Amy Winehouse -¿o fue al revés?- y el personaje comenzó a devorar al artista. Intentó ajustar cuentas con el lado pérfido de su país en Albion, pero le salió -tan británico él- una declaración de amor similar a Let England shake de PJ Harvey. Esta canción era una premonición del espíritu que predomina en Grace/Wastelands: Doherty se muestra cansado de su personaje, se ríe de él, se lamenta sin caer en la recreación y muestra las múltiples aristas de su talento.

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Nadie esperaba un álbum como este. Lo lógico era un Doherty que siguiera demostrando que él puso más en The Libertines que Barât, era de esperar que las drogas y las portadas multicolor le hicieran perder la percepción de la realidad. Pero no. El rockero inglés se aleja tanto como puede y llega a las raíces de la música de las islas. Por Grace/Wastelands corretean Ray Davies, Donovan o Wilde. Más allá del título -referencia a un poema de Poe– encontramos el desasosiego del poeta de Boston y la agudeza del Dylan más amargo. Doherty conecta con la naturaleza con un despliegue de instrumentos que va más allá del guitarra-solista-guitarra-rítimica-bajo-y-batería que había utilizado hasta entonces. Aquí hay violas, trombones, violonchelos, acordeones, violines y trompetas.

El disco es amargo, pero comienza con una canción animada. Al menos en la forma. En ArcadyDoherty se disfraza de ciudadano de la ciudad imaginaria y cuenta qué significa allí estar vivo. Ya encontramos una de las características de las letras: hablan de tiempos pasados, pero con un ritmo y un estilo propios de nuestra sociedad industrial:

So you see how twisted it becomes

See how quickly twisted it becomes

When the cat gut binds my ankles to your bedstead

That ain’t love, no that ain’t love

(Así que ves cómo ses tuerce

Ves lo rápido que se tuerce

Cuando el intestino del gato ata mis tobillos a tu camastro

Eso no es amor, eso no es amor)

Doherty habla del Renacimiento con el carácter urbano propio de un Lou Reed que se para en una esquina a hablar de la Nueva York de los 70. La exploración de tiempos pretéritos se extiende por 1939 Returningdonde dibuja un atmósfera de la II Guerra Mundial con el preciosismo que aportan los arreglos de cuerda. Pero Doherty no se sirve solo de cuerdas. En Last of the english roses escuchamos un beat de hip-hop que mezcla de forma magistral con la melodía. Cuando The Strokes no sabían qué hacer con los sintetizadores, el inglés daba clases de estilo. La colaboración de Graham Coxon y de Peter Wolfe “Wolfman”, hombre para todo de Doherty, se antoja crucial. Además de aire bucólico, que alcanza su máxima expresión en I am the rain, encontramos ritmos de cabaret –Sweet by and by– o canciones que mezclan la tradición americana y la inglesa con entonación dylaniana incluida: Palace of bone.

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Hasta este momento, Grace/Wastelands es un buen disco. Hay dos canciones que lo convierten en excelente. La primera es Broken love songDoherty se convierte en algo parecido a un crooner –un crooner al que le da igual como entonar- para contar una historia que habla de soledad:

Every morning

I’ll be singing

Like a caged bird who might say

Jump on George and Ringo

Help me pass the hours away

(Cada mañana

Estaré cantando

Como un ave enjaulada que podría decir

Saltad sobre George y Ringo

Ayudadme a pasar las horas)

Las referencias a The Beatles y la forma en que narra los acontecimientos, como si fuera una lista de consejos, pueden llevar a la conclusión de que Broken love song es autobiográfica. Más autobiográfica, quiero decir.  La otra es New love grows on trees. Comienza con un piano que deja entrever nostalgia. Se acopla la guitarra y Doherty ataca. Sus primeros versos son cuchillas:

Are you still talking to

All of those dead film stars

Like you used to?

And are you still thinking of

All of those pretty rhymes

And perfect crimes

Like you used to?

(¿Sigues hablando, como solías,

De esas estrellas de cine muertas?

¿Sigues pensando en

Todas aquellas rimas bonitas

Y crímenes perfectos

como solías?)

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Doherty mostraba su pulso poético con más fuerza que nunca. Descubre qué significa ser joven, qué es el tiempo y cómo nos vence.  Se ríe de su personaje y aparece la naturaleza. De nuevo la naturaleza:

And if you’re still alive

When you’re twenty five

Shall I kill you like you asked me to?

I know you told me to

But I really don’t want to

I remember every single thing you said to me

You played the man and I was Calvary

And you said

New love grows on trees

(Y si sigues viva 

Cuando tengas 25

¿Debería matarte como me pediste?

Sé que me lo pediste

Pero en realidad no quiero

Recuerdo cada cosa que dijiste

Tú jugaste con el hombre y yo estaba en el Calvario

Y tú dijiste

El nuevo amor crece en los árboles)

Doherty no se tomó muy en serio la promoción de Grace/Wastelands. En España lo presentó en 2011, con dos conciertos (Santiago y Madrid) sin apenas difusión. Vive en París, donde su vida bohemia ha calado con mayor hondura; no olvidemos que Grace/Wastelands alcanzó allí su puesto más alto en las listas de ventas, el séptimo. La nostalgia que desprende su último disco y los continuos rumores acerca de una supuesta colaboración con Barât nos hacen creer que Doherty echa de menos el pasado. En algún momento, la crítica especializada dejó de creer que era un personaje relevante. Desde entonces, las revistas reciben con mayor sorpresa una canción buena que una mala, como le pasa a Ryan Adams. Esa fábrica mitos de barro es tan demoledora que hasta los que tienen condiciones para ser leyendas pueden ser devorados. Ahora vemos a un Peter Doherty forzado, que reclama aquellos focos que pudieron cegarle, con elucubraciones sobre la dirección sonora de su próximo disco. Ahora que ese alumno llamado Alex Turner ha adelantado a sus maestros por la derecha, es el momento para que Doherty ataque de nuevo. Porque no hay nadie tan genuino como él en las islas. Nadie tan genial, británico y carismático.