Swordfishtrombones (Tom Waits): caminando por los márgenes

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En 1983, Tom Waits rompió con todo. Rompió con Asylum Records y dejó a un lado el carácter Tin Pan Alley que destilaba su música anterior. Tres años antes se había enamorado de Kathleen Brennan, en la grabación de la banda sonora  de One from the Heart (Coppola). Poco después se casó. Brennan, guionista,  -y desde que se casó con Waits- compositora y productora fue la principal responsable de este cambio. Unos dicen que Waits encontró su voz, que su personaje de la gorra y el piano se le había quedado pequeño y que se acordó del organo que su tío instaló en casa. Otros dicen que la crítica comparó al músico de Pomona con algún cantante llorica de la época. Waits huyó hacia adelante reinventándose. Barney Hoskins, autor de La coz cantante, quizá la mejor biografía sobre el músico, es uno de los máximos defensores de esta idea.

Hasta entonces, Waits había publicado siete discos en los que explotaba su voz melancólica. Trabajar en una pizzería le sirvió para maquinar estos discos: vendía comida e imaginaba la vida de los clientes, convertidos en personajes de sus historias. Comenzó a frecuentar el Tropicana y en poco tiempo era el rey de los decadentes. Junto a Chuck E. Weiss y Rickie Lee Jones (con la que tuvo algo más que amistad), formó un trío hedonista de vodevil. Herb Cohen se fijó en él y al poco tiempo ya era su manager. Cohen llevaba a varios artistas de Los Ángeles. Quizá les suene su mayor cliente: un melenudo de Baltimore llamado Frank Zappa. A la sombra de Zappa, Waits comenzó a dar conciertos. Ser telonero de los Mothers of invention resultó traumático. Un tipo con una gorra y un piano no era lo que esperaban quienes iban a ver al gurú de la sátira-rock. Waits recibió insultos y algún que otro tomate. Esto le hizo fuerte. Apostó por sí mismo.

Desarrolló una personalidad que se antoja básica para entender cómo se gestó uno de los artistas más peculiares del siglo XX. Waits comenzó a cantar como un tipo que tiene que decidir a quién salvar del infierno y duda entre Jack Kerouac, Charles Bukowski, Captain Beefheart y Howlin´Wolf. En 1983 publicó Swordfishtrombones, la obra fundacional del gran Tom Waits. En el disco encontramos esa pelea. En Frank´s  wild years (For Frankie Z) se decanta por la asociación que Kerouac montó con Steve Allen para poner música a sus textos. Waits cuenta las andanzas salvajes de Frank (según muchos, su padre) con un estilo que mezcla el estilo del autor de Lowell con el de Bukowski, con quien siempre se ha comparado al músico:

Well, Frank settled down in the Valley

And hung his wild years

On a nail that he drove through

His wife’s forehead

He sold used office furniture

Out there on San Fernando Road

And assumed a $30,000 loan

At 15 1/4 % and put down payment

On a little two bedroom place

His wife was a spent piece of used jet trash

Made good bloody marys

(Bueno, Frank se estableció en el Valle

Y colgó sus años salvajes

En un clavo que atravesó

La frente de su esposa

Vendió el mobiliario de oficina usado

que hay en el camino de San Fernando

Y asumió un préstamo de $ 30.000

en 15 1/4% y pagó

En un pequeño lugar de dos dormitorios

Su esposa era un pedazo de basura usada

Que hacía buenos Bloody Marys)

En Underground, canción que abre el disco, Waits se apoya en una batería primitiva para no caer. Cada golpe de caja es un paso. Se acerca a Captain Beefheart para salvar su pescuezo. No sabemos si lo consigue. En la canción que da nombre al disco podría estar hablando de lo mismo. O no. Marimbas, dabuki drum, cualquier cosa sirve. Lo extraño, y aquí reside gran parte de su genialidad, es que  Waits utiliza instrumentos heterodoxos para dibujar atmósferas conocidas. Hace normal lo extraño. Eso es Swordfishtrombones. En Down, down, down se acuerda de su padrino espiritual, Howlin´Wolf. También busca la redención del Lobo aullador. O eso parece:

He went down down down

And the devil called him by name

tom-waits

Quizá la canción que mejor refleje el universo Tom Waits sea Shore leave. Hay marimba, shaker, bombo con arroz, banjo y trombón. Al principio escuchamos una atmósfera oscura. Suburbios, los márgenes de la sociedad. Lo que no se ve. Cine negro. El músico susurra con cuidado. Nadie puede saber de su presencia aquí. Otra vez herramientas raras para descifrar la realidad. Cuando todo parece perdido,  Waits se atreve a cantar. Es ese director loco que dirige a la banda con más ímpetu que nunca cuando el barco se hunde. Entre tanta negrura, entona:

And I said Baby, I’m so far away from home

And I miss my Baby so

I can’t make it by myself

I love you so

(Y yo dije nena, estoy tan lejos de casa

Y  te echo tanto de menos

No puedo hacerlo solo

Te quiero tanto)

Kathleen Brennan y Tom Waits

Kathleen Brennan y Tom Waits

El decadente borracho de gorra y zapatos agujereados echa de menos a su chica. Tom Waits estaba siendo biográfico. No hubiera podido hacer esto sin Brennan. Otra vez mezcla de dos mundos. Truman Capote dijo que le apasionó la historia que contó en A sangre fría porque mezclaba lo que se veía de EEUU y lo que no. Por ese frontera cimentó Tom Waits su genial arte. Dos años más tarde de Swordfishtrombones, Waits grabó su otra gran obra maestra: Rain dogs. Además de su transformación artística, destaca su instinto para rodearse de músicos excepcionales: antes había sido Chuck E.  Weiss y después sería Marc Ribot. En ese momento caminaba escoltado por Stephen Hodges (batería) y Carlos Guitarlos, guitarrista responsable del aire fronterizo de estos discos. Waits influyó a cualquier músico que asomara al precipicio, especialmente a  Jack White, Mark Lanegan o Enrique Bunbury. Su obra es un pilar fundamental para entender el siglo XX -y a la ciudad de Los Ángeles- desde otro punto de vista. Un artista que rompió con todo, quizá fiel a esa idea que dice que para cambiar el mundo hay que escapar de él.