Ready to die (Iggy & The Stooges): suciedad de sala de estar

frontAlan Sparhawk, cantante y guitarrista de Low, decía en el Ruta 66 de mayo: “Todos queremos molar tanto como Neil Young cuando tengamos su edad, pero solamente lo consiguen unos pocos, la mayoría dan bastante vergüenza”.  Sparhawk decía que hay dos formas de envejecer: la que están teniendo Young y Dylan y la que está teniendo Bowie. Según él, El Duque Blanco es un hipster de 66 años.  Más allá de la diferente propuesta sonora que hace cada uno en sus últimos discos, los tres han entendido la responsabilidad que tienen para con su legado. Más difícil que hacer buenos discos en el último tercio de sus vidas, es seguir siendo creíbles, respetar su obra, no tirar por los suelos los discos que les convirtieron en artistas supremos.

Hace un mes que Iggy  & The Stooges publicaron su quinto disco, titulado Ready to die. Segundo después de Raw Power (1973). La Iguana presenta a su banda en formato Iggy  & The Stooges para no utilizar directamente The Stooges, una muestra de respeto por la formación original. En 2009 murió Ron Asheton, guitarrista fundador de la banda. Si The Weirdness (2007) era sonrojante, Ready to die no se queda atrás. Hay momentos en los que parece que va a despegar y al menos podría ser una sombre decente de aquellos incendiarios Stooges. Pero son espejismos. Esa ilusión no dura más de 30 segundos en ninguna canción. Si este disco lo hubiera publicado otra banda diríamos que se puede llegar a imaginar un leve olor a aquel Detroit de principios de los 70. Pero a The Stooges se les pide algo más que un leve olorcillo. Más que nada porque ellos inventaron esto. Ellos llevaron el garaje rock a un lugar supremo y sentaron las bases del punk. Ellos eran un terremoto. Ahora son un escalofrío.

Ready to die comienza con BurnLos primeros 27 segundos merecen la pena. James Williamson irrumpe con una guitarra sucia, Mike Watt (bajo) y Scott Asheton (batería) le siguen y nosotros tenemos las manos a la altura de las orejas, a punto de posarlas sobre nuestra cabeza, sorprendidos del espíritu de la canción. Entonces entra Iggy y bajamos las manos. Los siguientes 30 segundos parecen 30 horas. Iggy nunca fue un crooner a pesar de que lleva 35 años -su carrera en solitario- intentándolo. Job es similar, la guitarra de Williamson está intentando algo, pero llega La Iguana, se tropieza con todo y destroza el estudio. Además la letra es incomprensible en 2013. Iggy canta:

I got a job

But it don’t pay shit

I got a job

And I’m sick of it

(Tengo un trabajo

Pero no pago mierda

Tengo un trabajo

y estoy harto de él)

Si ese es el mensaje más punk que los Stooges pueden darnos en 2013, tienen poco que hacer. La canción es interminable. Esa es la sensación que provoca Ready to die.  Williamson, Watt y Asheton cumplen. Llevan muchos años en esto y saben sonar punzantes. El saxo de Steve MacKay suena bien, aunque la mayoría de veces sobra. Pero Iggy Pop lleva años viviendo de su leyenda. Como decía Diego Manrique refiriéndose a Chavela Vargas, hace tiempo que el mito deovoró al artista.

Las letras. Iggy nunca ha sido Lou Reed, pero hubo un tiempo en el que lo que cantaba resultaba creíble. Hubo un tiempo en el que decía que quería ser tu perro y te lo creías. Decía que era un pasajero, que no paraba de correr, y lo veías recorrer el mundo. Pero hoy no resulta creíble que cante If I had a fucking gun/ I could shoot everyone en Gun ni, que cante una y otra vez que está preparado para morir en Ready to dieNo resulta creíble por varias razones. Una de ellas es que, entre estas canciones, ha incrustado Unfriendly world, una nana insoportable. Iggy juega a ser Tom Waits y termina siendo un abuelo que cruza la calle sin mirar para demostrarle a su nieto lo peligroso que un día fue.

James Williamson, Iggy Pop y Scott Asheton

James Williamson, Iggy Pop y Scott Asheton

Entre canción y canción de Ready to die me sorprendí buscando vídeos de Raw power o de Fun houseCanciones como Gimme danger Down on the street siguen funcionando. Siguen teniendo un aire suburbial, una suciedad y una rabia contenida que aún pone los pelos de punta. Siguen teniendo material que quemar. Estas canciones me animaron a seguir con Ready to die. Pero no había nada que hacer. Han intentado recrear ese ambiente con 40 años más -lo que no tiene por qué ser una lacra- y la vida resuelta. Han intentado sonar sucios de una manera descarada. La suciedad que emanaba de sus tres primeros discos era el producto de un modo de vida, de sobrevivir al límite y de una urgencia por cantar lo que pasaba. La suciedad que encontramos en este álbum nace detrás del cristal. Es una suciedad prefabricada, como un adolescente que  lleva media camisa por fuera de los pantalones a propósito. Es una suciedad de sala de estar. Ready to die no llega a ser una sombre de lo que fueron The Stooges.

Por si no fuera suficiente con el álbum, Iggy se ha encargado en la promoción de recordarnos lo que es hoy. Su leyenda le recuerda como un tipo sin camiseta, peligroso, que inventó eso de tirarse al público. Hoy solo queda lo de ir sin camiseta. Un estereotipo. Una muestra del acomodamiento al que tienden algunas estrellas, el símbolo más claro de la decadencia del rock. Luego hace un anuncio para Schweppes y sale en El Hormiguero encarnando al cliché del rockero. Se le ve contento con este papel. También John Lydon juega en esa liga. Su anuncio de mantequilla escondió su pelo de colores. Sin embargo, Lydon sigue cabreado con el mundo. Iggy Pop es feliz haciendo creer que está enfadado con el mundo.