III (Grupo Salvaje): va a llover plomo

GRUPO SALVAJE III

En su ensayo Del bisonte a la realidad virtual, la escena y el laberinto,  Román Gubern expone que el cine nació adoptando elementos de otras artes: la puesta en escena del teatro griego, los escenarios de la pintura o herramientas narrativas de la novela decimonónica. De unos años a esta parte, la situación se ha revertido. El resto de disciplinas artísticas beben del cine. La música, claro, también. Cualquier letra de  los grandes narradores de canciones de nuestra época -los Will Oldham, Thom Yorke, Nacho Vegas o Quique González- cuenta historias con características que responden a las estructuras (plano-secuencia, plano-contraplano) del lenguaje cinematográfico. Pero no solo los genios muestran esta permeabilidad. Hay bandas como Grupo Salvaje cuya mera existencia es producto de esta influencia del cine en la música. Grupo Salvaje publicó hace dos meses su tercer disco, titulado IIIEste elepé supone el paso definitivo de la banda liderada por Ernesto González al castellano.

A Grupo Salvaje jamás le ha interesado crear el disco del siglo. Su música transmite la sensación de una plaza del Oeste americano en los minutos previos a un tiroteo entre el sheriff y el bandido de turno. Pero los disparos no son siempre a la cara. En III hay muchas jugadas sucias, como ese tiro por la espalda con el que Tom Doniphon mató a Liberty Valance. Da la sensación de que Ernesto González podría escribir letras más elaboradas, pero la urgencia se lo impide. Esa urgencia que solo le deja decir recuérdame mujer por lo que quise ser en De hornos al fin del mundola canción que abre el disco. Algo va a pasar y González tiene que decir algo. Tiene las ideas claras. Hace tiempo que las apuntó en su cuaderno de bitácora. No tiene mucho tiempo y se limita a declarar cada pulsión que le hizo vivir.

Cuidado. Las letras son buenas. Cuesta entender por qué Grupo Salvaje ha tardado tres discos en grabar una obra completamente en castellano. Antes hubieron algunos guiños. Pero es en III donde González nos descubre su pluma. Para él, este asunto tiene una explicación fácil: “Noso­tros tra­ba­ja­mos sin refe­ren­tes en cas­te­llano, no por­que no escu­che­mos música en cas­te­llano sino por­que el 95% de lo que escu­cha­mos en anglo­sa­jón, enton­ces bus­car refe­ren­tes y con­tex­tua­li­zar para que todo tenga sen­tido no ha sido fácil”, declaraba a Indielogia en marzo. III se puede entender como un duelo y sus consecuencias. Las cuatro primeras canciones recrean la atmósfera de la plaza. El reto, los pasos a la espalda del rival y el momento de sacar las armas. La quinta canción es el momento en el que uno cae. O tu o yo, no hay océano para los dos canta un abatido Fernández en Leviatán. La sexta es quizá la que mayor profundidad da al disco. Se llama Te has quedado para vestir santosEs espiritualidad, como el líder de Grupo Salvaje confesó a Indielogia. Es el ascenso a algún sitio. No sé si infernal o celestial. Te has quedado para vestir santos/ Ya no tienes nada más que hacer. Martillo pilón.

Vigilia de pentecostés es una alternativa. Es la vuelta a casa sin el botín:

Pierdes tus raíces, tu casa y tu gente, tus lazos de sangre y mi amor

Marché sin mirar todo lo que dejaba

Sabiendo que no habría marcha atrás

Mi sombra y mi piel

Todo lo que llevaba

Orgulloso de mí, caminé 

Pepe Hernández (guitarra), Óscar Feito (guitarra), Fernando Hernández (bajo), Ernesto González (voz, guitarra y theremin) y Carlos Perino (batería)

Pepe Hernández (guitarra), Óscar Feito (guitarra), Fernando Hernández (bajo), Ernesto González (voz, guitarra y theremin) y Carlos Perino (batería)

El amor que Grupo Salvaje profesa por Johnny Cash se nota en este tipo de letras. Esa mezcla de rock-de-orfebrería con country y folk encaja perfectamente con sus personajes. Sus personajes son perdedores sin nada que perder ya. Perdedores que un día pudieron ser héroes. Puro Peckimpah también. El resto de III sigue recreando ese tipo de ambientes. Quizá vuelva a haber un duelo.  Quzá no. Tendremos que esperar a un cuarto disco. Grupo Salvaje hizo una declaración de principios desde su nombre. Sus discos siguen ese camino. Les gusta el negro, se sienten cómodos en la oscuridad. Planos largos. Tiempo dilatado. El cine. González ha dicho alguna vez que sabe que su música podría acompañar a cualquier película del oeste. También podría ser al revés. Cualquier imagen del oeste podría acompañar a la música de esta banda. De hecho hay más aridez, más Gran Cañón, más botas con espuelas en III que en la mayoría de discos de americana de los últimos tiempos. Eso es estilo. Entre John Ford y Howard Hawks, Grupo Salvaje ha creado su mejor obra.