Pink moon (Nick Drake): y ninguno estáis a tanta altura

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Un disco difícil. No apto para oídos gobernados por la prisa. No hablo de Pink Floyd, ni de Björk. Hablo de una obra que tiene en su sencillez su máxima complejidad. No llega a la media hora, y dicen que cuando su autor lo terminó dijo: “Ya no tengo nada más que decir”. Una leyenda, claro. Nos ayuda a redondear el mito de Nick Drake. No sabemos si la frase es cierta pero si la sabemos la soltamos. Y quizá después pensemos que, por una vez, Nick Drake hiciera algo en el momento justo. Porque siempre pareció llegar tarde -o temprano- a todo.

El contexto. Estamos en el año 1972. Ya no hay Beatles y hace un año que George Harrison sacó de su escondite a Dylan para su concierto por Bangladesh. Ni The Who ni Led Zeppelin sacan disco. Desde Nashville apareció Neil Young con una obra suprema titulada Harvest. Un océano al este, los Stones ses refugiaban en Nellcote para crear un disco sagrado, Exile on Main street. Esbozado el mapa del presente, el futuro ya se estaba escribiendo. Un futuro que en unos años diría que no había futuro. A este futuro sin futuro se enfrentó un futuro que creía que sí había futuro, con la misma protesta social pero una pluma más cuidada. Bruce Springsteen llevaba la bandera. Pero esa es otra historia. La que nos ocupa tiene como protagonista a un tipo que nació en Birmania y que en 1972 tenía 24 años. Una edad perfecta para iniciar una carrera musical. El tipo había abandonado sus estudios de Literatura inglesa en Cambridge. Tenía talento. Lo que pasa es que a los 24 años, Nick Drake ya había publicado dos discos: Five leaves left (1969) y Bryter layter (1970). Su debut fue ignorado, se trataba de canciones bucólicas con escasos arreglos instrumentales. Dicho así suena soso, y en realidad aceptaría cualquier adjetivo menos soso. La posteridad recuerda este álbum por su título. Quedan cinco hojas es el aviso que venía en los paquetes de papel de liar cuando se iba acabando. La muerte de Drake justo cinco años después de la publicación de Five leaves left tintó de un segundo significado a este título,  Hay una canción, Fruit tree, que refuerza esta teoría. Drake canta:

Life is but a memory

Happened long ago

Theatre full of sadness

For a long forgotten show

Seems so easy

Just to let it go on by

Till you stop and wonder

Why you never wondered why

(La vida no es sino un recuerdo

Que ocurrió hace mucho tiempo

Un teatro lleno de tristeza

Para un espectáculo largamente olvidado

Parece muy fácil

Dejarlo continuar

Hasta que te detienes a preguntarte

Por qué nunca te preguntaste por qué)

¿Planeó Drake su muerte? Nunca lo sabremos. Mientras lo descubrimos, sugiero, disfrutemos del disco. En Bryter layterel productor Joe Boyd intentó dar un giro comercial a la música de Drake. Esto se tradujo en la participación de flautas, violas, claves y saxofones. El objetivo de ser comerciales fracasó. Además, Drake no terminó de sentirse cómodo con tantos ornamentos. Esa era la situación de Drake en 1972. Ah. La depresión y la droga. Pocas personas que le conocieran no utilizan las palabras vergonzoso, tímido y reservado para definirle. Llevaba un tiempo tomando antidepresivos, que terminarían acabando con su vida. No entendía por qué todo el mundo le decía que era un genio y la paga que recibía de su discográfica no superaba las 20 libras semanales. No tenía ni para zapatos.

La música. El disco que Drake publicó en 1972 se titula Pink moon y fue grabado en dos noches. En dos noches y con una guitarra, el suspiro de un piano en una canción y la voz del autor. Dos noches, una guitarra, el suspiro de un piano y la voz del autor porque Drake no tenía dinero para alquilar un estudio ni más instrumentos. Además quería huir del barroquismo que odiaba de su segundo disco. Y así creó el que muchos consideran el álbum más puro, más humano -si es que el ser humano es puro- en la historia de la música popular. 11 canciones en 28 minutos. Quizá a la primera escucha no enganche, pero te acaba atrapando. No tiene sentido hablar de una canción en particular ni escuchar el disco si no es entero y seguido. Nada de playlist en este caso. Es necesaria cierta oscuridad y soledad para disfrutar esta música. Pink moon habla de cómo veía el mundo Nick Drake. Desde su redescubrimiento se ha dicho que la obra del británico es la calma que precede a la tormenta. En su tercer disco hay mucho de eso, empezando por la canción que da título al álbum, donde escuchamos:

Pink moon is on its way

And none of you stand so tall

Pink moon gonna get ye all

(La luna rosa está en camino

Y ninguno de vosotros estáis a su altura

La luna rosa os va a alcanzar a todos)

Sin embargo, este disco contiene la primera -y última- canción en la que Drake ve una esperanza en el futuro, From the morning:

A day once dawned, and it was beautiful

A day once dawned from the ground

Then the night she fell

And the air was beautiful

(Un día amaneció, y fue hermoso

Un día amaneció desde el suelo

Después cayó la noche

Y el aire era hermoso)

Pero Drake no era solo tristeza y melancolía. También había algo de denuncia social en su obra. En Parasite canta:

Sailing downstairs to the northern line

Watching the shine of the shoes

And hearing the trials of the people there

Who’s to care if they lose.

And take a look you may see me on the ground

For I am the parasite of this town

(Navegando escaleras abajo hacia la línea norte

Mirando el brillo de los zapatos

Y oyendo las desgracias de la gente

¿A quién le importa que pierdan?

Y echa un vistazo, puedes verme en el suelo

Porque soy el parásito de esta ciudad)

Un ataque contra una sociedad que ya había sido capaz de enviar un hombre a la Luna pero no había desarrollado un sistema que erradicara el hambre y la pobreza del mundo. Otro tema que recorre su música es el desarraigo. Nick Drake jamás sintió que perteneciera a algo. En Place to be canta: just hand me down, give me a place to be (solo ayúdame, dame un lugar para estar). Ese verso muestra, además, la relación de Drake con las mujeres. Dicen que jamás llegó a tener una novia, y la única que siembra una duda,  Sophie Ryde, precisa que, si acaso, fue su mejor amiga. Esa mirada virginal se observa en cada verso. Drake vivió rápido y su mirada no vio algunas cosas. Sin embargo, jamás peca de infantil o inmaduro. La teoría de que llevaba tiempo planeando su suicidio cobra fuerza al escuchar Things behind the sunDrake suspira:

Don’t be shy you learn to fly

And see the sun when day is done

If only you see

Just what you are beneath a star

That came to stay one rainy day

In autumn for free

Yes, be what you’ll be

(No seas tímido, aprende a volar

Y mira el sol cuando acaba el día

Si solo ves

Lo que eres bajo una estrella

Que vino a quedarse en un día de lluvia

En otoño, libremente

Sí, sé lo que seas)

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La canción suena poderosa. La voz tiene intensidad y la guitarra está hablando en serio. Nick Drake da los consejos que quizá necesitó que alguien le diera. Un poco al estilo de esa Janis Joplin que era feliz en el escenario y maldita a pie de calle, el músico británico se muestra fuerte. Un poder envuelto en una caústica frialdad.

La voz de Nick Drake merece cualquier río de tinta -natural o virtual- que haga correr. Es  una voz frágil, sí. Pero también tiene fuerza. La fuerza del que ha visto lo que va a pasar y viene a contárnoslo. También tiene mucho de verdad, resulta creíble. La música de Drake tiene  que ver más con los cantos y las melodías de los juglares que con cualquier corriente sonora de su tiempo. Su manejo de la guitarra era   asombroso. Guitarrista autodidacta, dicen que estudiaba compulsivamente y que pasaba noches en vela experimentando con afinaciones poco ortodoxas. La seña de identidad más clara de su guitarra es el punteo. Pese a ser un músico-que-adornaba-sus- letras-con-melodías, Drake no se limitaba a los cuatro acordes básicos. Utilizaba los clústersacordes compuestos por semitonos cromáticos consecutivos. Es decir, Drake juntaba en un acorde notas que estaban separadas en la escala por una diferencia de un semitono, en lugar de por intervalos más amplios (terceras o quintas), que es lo habitual. Para facilitar la construcción de estos acordes, el británico afinaba las tres cuerdas inferiores de la guitarra (sol, si y mi) más alto de lo que correspondía a la afinación de las tres superiores. De esta forma, acentuaba la disonancia, que crea un ambiente oscuro e inestable.

Dos años más tarde, el 25 de noviembre de 1974, Mary Lloyd encontraba a su hijo muerto. En su cama. Aquella noche había tomado más antidepresivos –amitriptilina– de la cuenta. O quizá no. Quizá sabía los que tomaba. Tenía 26 años. Solo dejó una carta para Ryde. Una carta para Ryde y tres discos fantásticos. El tercero de ellos es uno de los mejores testimonios que jamás haya creado el ser humano sobre la desolación, sobre ese tipo de personas que solo parecen raras porque no están dispuestas a seguir el camino que marca el bolígrafo de una empresa de seguros. Esas personas que no acaban la universidad porque no creen en ella, que no dan entrevistas porque las consideran estúpidas. Hacemos un flaco favor a la memoria de Nick Drake encasillándolo como un autor maldito más. Fue alguien que llegó, vio, cantó y se fue. La vida no le dejó hacer más.

Santini Rose