Untamed beast (Sallie Ford & The sound outside): El Sol ha salido en Portland

_untamed_beastAriel Rot publica hoy disco. En alguna entrevista de promoción ha dicho que es normal que el rock ya no sea la forma de expresión mayoritaria de los jóvenes. Dice, además, que hay que aplaudir a la resistencia. Sallie Ford y los tres pringados que la acompañan forman parte de la resistencia. Los tres pringados forman The sound outside: Jeffrey Munger como guitarra solista, Tyler Tornfelt al bajo y Ford Tennis a las baquetas. Son de Portland, Oregón. En Portland, Oregón, llueve mucho y El Sol solo sale cuando ve que merece la pena. Sallie trabajaba de camarera hasta que un día dijo que ya estaba bien, como esa Misty Marie Wilmot que retrata Chuk Palahniuk en Diario: una novela. Dijo que ya estaba bien y convenció a los tres pringados para formar una banda. La banda iba a tocar rock sin edulcorantes, Sallie ya había servido demasiados sobres de azúcar. Sallie dijo: “Es momento para que una chica se infiltre en el mundo del rock and roll de chicos y les agarre las pelotas”.

Hace un par de años publicaron su primer disco, Dirty radioy se convirtieron en una promesa. Había madera. Hace un par de meses vio la luz Untamed beast, segundo elepé. Y ya son una realidad y forman parte de la resistencia. Hechas las presentaciones y contada la historia, hablemos de música. Los tres pringados ya  han comprendido lo que les contó Sallie un día y ahora saben que ella manda. Ella canta y toca la guitarra y su personalidad desbordante es la que señalará el camino. Esa seguridad en ella se nota a lo largo del disco. Es posible que sea la principal causa del gran salto que ha experimentado la banda. Estamos ante una banda auténtica de rock and roll auténtico. Justo ahora que gente como Ariel Rot, que lleva la bandera desde hace tantos años, se muestra escéptica.

Untamed beast tiene 11 canciones y es un escándalo. Sallie tiene tiempo para gemir, susurrar, convertirse en una pin-up  o en la hija bastarda de Johnny Thunders. Detrás de sus gafas y su voz suave se esconde una bestia. En su página web, dice que el rock es para ella “una energía” más que un género.  El disco comienza con Addicteduna canción que atrapa. Si la escuchas por la mañana es probable que no se despegue de tu garganta hasta que hayan pasado unas 15 horas. Sallie Ford hace música con esos “uh”, con sus respiraciones y con cada centímetro de su cuerpo. Si el rock es una energía más que un género, Sallie Ford tiene molinos bajo la piel.  El final de Addicted enlaza con Party Kids, una canción que,  a pesar de contar con los mismos elementos, es el polo opuesto de Addicted. Guitarras más protagonistas y la garganta de Sallie contoneándose. Cuando decía que gime y susurra me refería a que lo hace dentro de cada canción. Es una chica buena que dijo basta, recordemos. La principal virtud de la banda es que es capaz de mezclar referencias que se definen como contrarias con una naturalidad pasmosa. El rockabilly que late en Devil, el cabaret en Do me right o esa mezcla entre Jack White y Juliette Lewis que se respira en Rockabilityo ese trallazo que deberían escuchar los -ahora limpios- Black Keys llamado They told meEsta canción, que cierra el álbum, es LA prueba de por qué el rock and roll puede seguir siendo una vía de expresión para los jóvenes. “Ya no hay rockeros de menos de 40 años”, decía Juan Puchades en un texto reciente. Escuche este disco, señor Puchades.

Sallie se viste de femme fatale en Bad boys y agarra los huevos, como ella decía, en un garaje grasiento. Untamed beast bebe de los proto, del protorock de los 50 (Elvis, Cochran) y del protopunk de principios de los 70 (New York Dolls, The Stooges, Patti Smith). El disco ya sería bueno con estas canciones, pero hay tres que dan profundidad y lo convierten en fantástico. Shivers, Paris Roll around. Shivers es un lamento de la Sallie camarera, que terminaba de trabajar a las 2 de la mañana y no sabía si volver a casa o cerrar algún bar encaramada a la barra. Esa Sallie que se da cuenta de que le gusta un chico y que eso la hace débil. Pero entonces aparece la nueva guerrera y grita: won´t you give me boy shivers! (No me dan escalofríos, cariño). Esa es la transformación: del susurro tímido al aullido descarnado. Paris engaña. Solo con prestar atención a la letra nos podemos dar cuenta de que no es una balada fofa sobre la ciudad del amor. Sallie dibuja una canción romántica que huye de un romanticismo estúpido. Cuando canta:

´Cause you are lost in the most romantic city in the world

And I can´t seem to get you off my mind

(Porque estás perdido en la ciudad más romántica del mundo

Y me parece que no puedo sacarte de mi mente)

Ford Tennis (batería), Jeffrey Munger (guitarrista) Sallie Ford (cantante y guitarrista) y Tyler Tornfelt (bajista)

Ford Tennis (batería), Jeffrey Munger (guitarrista) Sallie Ford (cantante y guitarrista) y Tyler Tornfelt (bajista)

Habla de amor pero huye de la estupidez. Qué putada, parece pensar, estoy enamorada en París. La otra canción fundamental es Roll around. Hasta aquí ha llegado Sallie Ford. Magnífica interpretación. Sigue siendo una chica a la que le han roto el corazón demasiadas veces:

I don´t wanna ring

I don´t wanna kid

I don´t wanna promise 

Just give me something real

(No quiero un anillo

No quiero niños

No quiero promesas

Solo dame algo real)

Qué momento para decir solo dame algo real. Ahora que, como dijo Baudrillard, la realidad se mezcla con la sensación de realidad. Unos versos más adelante, Sallie Ford se disfraza de Dylan:

This generation lives on a lie

It lives on a fake

(Esta generación vive en una mentira

Vive en falso)

Sallie Ford se muestra segura. No titubea ni una sílaba. La primera vez que escuché el disco pensé en que las maneras que apuntaban se habían desviado a una copia absurda de Alabama Shakes. Absurda porque por muy bonita que sea la historia de Sallie  Ford nunca tendrá el vozarrón que tiene Brittany Howard. Pero Sallie Ford & The sound outside son más versátiles que la banda de Howard. Me equivoqué. Igual que me equivoqué al decir que Munger, Tornfelt y Tennis son unos pringados. Señores, estamos ante una gran banda de rock and roll. Estamos ante una chica que se moriría por vivir en los 50 y nos regala discos que muestran su nostalgia al entender que vivirá en el siglo XXI. En Portland, Oregón, llueve mucho y El Sol solo sale cuando ve que merece la pena. El Sol ha salido en Portland, Oregón.