Walkin on a pretty daze (Kurt Vile): crecer en tierra de nadie

e3c03c95f85ef3dd9422e36b2bf98e36Kurt Vile ha encontrado su sitio. Quizá lo encontrara hace tiempo y ahora nos damos cuenta. Con 33 años, Vile ha publicado 6 discos: 2 con The war on drugs y 4 en solitario. Siempre apuntó maneras, pero su mezcla de americana y psicodelia no terminaba de funcionar. Su quinto álbum en solitario acaba de ser publicado. Se llama Walkin on a pretty daze y supone un paso más en la evolución del americano. No estamos ante una obra maestra; pero es posible que este sea el prólogo del gran disco que Vile dará al mundo. Walkin on a pretty daze muestra los reflejos de su autor a la hora de mezclar vertientes musicales sin que el resultado resulte soporífero. Al country alternativo que exploró con The War on drugs, Vile añade los elementos psicodélicos de sus discos en solitario y algunos detalles sutiles del noise rock de finales de los 80.

Si el adjetivo soporífero tuvo alguna vez una acepción positiva se la debe a Kurt Vile. Walkin on a pretty daze nos sume en una paz suprema desde la primera canción, Walkin on a pretty dayLa mayor potencia de la canción que abre el disco estriba en que nos lleva a la ensoñación pero sin los elementos psicodélicos que Vile tiene a su alcance. Una muestra de estilo, una pequeña rebelión en cuanto a la forma. Estamos ante un disco complejo. Complejo hasta en su complejidad. Cuando hablamos de que un álbum no es fácil esperamos que todas las canciones nos exijan dos oídos y un cerebro; pero el rockero de Philadelphia mezcla canciones experimentales con momentos para respirar. Respirar con rock de peso. Como si nos diera un respiro de sí mismo. KV Crimes es la canción que mejor  representa esta idea. Crece sobre un desarrollo de guitarra más eficaz que pomposo. La voz de Vile se arrastra como si fuera un hijo que Lou Reed hubiera tenido con algún familiar de J Mascis. La guitarra se muestra limpia pero fresca. Fresca. Esa es la parte que les falta a los últimos Wilco; Kurt Vile, uno de los hijos pródigos, enseña a Jeff Tweedy cómo era aquel camino. El contraste entre el brío de la guitarra y una voz que parece reptar convierten a KV Crimes en una de las mejores canciones de Walkin on a pretty daze.

kurtvile

El disco es un gran homenaje a los gigantes que se atrevieron a jugar en esa tierra de nadie que separa al folclore anglosajón de las tendencia a la psicodelia que trajo el ácido.  Hablamos, claro, de gente como Syd Barrett o Kevin Ayers, pioneros de la vida en la frontera. Kurt Vile ha bebido de ellos y lo demuestra en tres canciones situadas de manera consecutiva en el ecuador del álbum: Girl called Alex, Never run away Pure painNo parece casual su localización. Vile utiliza estas canciones como una bisagra a partir de la que crea su propio universo, cada vez más expandido. El hecho de no dispersar estas tres canciones entre sus experimentos también supone una muestra de honestidad y de agradecimiento. Vile no reniega de sus fuentes. Y aquí reside la principal virtud de su música: en un mundo harto de copiar, pegar, recontextualizar y recortar, él mezcla elementos anteriores, explorados por genios seguramente mayores al suyo; pero a los que otorga una frescura y dinamismo tales que permite la total renovación de una forma de entender la música. Dicen que Syd Barrett no para de tararear en algún lugar las melodías de Walkin on a pretty daze.

Una vez terminados los homenajes, Vile se dispone a seguir su andadura. En el resto del álbum le queda espacio para gritar al estilo Eels, en Shame Chamber, construir una atmósfera casi britpop en Air buddemostrar en Goldtone la otra gran virtud de su música. Vile desarrolla tramas largas en muchas canciones. A veces hasta el  aburrimiento, pero la mayoría de veces no llega hasta ese punto. Casi siempre se queda en la línea que separa la experimentación del sopor. Podría parecer que su voz es el elemento más vacío de que dispone, pero nada más lejos de la realidad. Es justamente su voz la que le señala el camino, la que le permite convertir en evocadoras y evasivas unas estructuras que quizá en la voz de otro resultarían mareantes. No ha inventado nada, pero cada vez está más cerca de hacerlo.