Some girls (The Rolling Stones): tenemos algo que decir

rolling-stones-some-girlsQuizá la teoría de Sick Boy (“Hay un momento en que se tiene, y después se pierde, en todas las facetas de la vida”) solo sea aplicable a seres humanos como tú y yo. Es posible que los seres que están por encima de nosotros vuelvan a tenerlo después de que se haya ido. O quizá nunca se les fue. Lo que es seguro es que en 1978, The Rolling Stones grabaron Some girls, un disco perfecto. una obra mayúscula que retrata mejor que -o, como mínimo, igual que- Raw power (The Stooges, 1973),  Never mind the Bollocks, Here´s the Sex Pistols (Sex Pistols, 1977), London calling (The Clash, 1979) el hastío del despertar hippie. Hay tres términos que no faltan en cualquier comentario interesante sobre Some girls: Nueva York, punk y disco. En 1978, los Stones eran una banda venida a menos: su época gloriosa parecía haber terminado con Exile on Main St. (1972),  los problemas con la justicia parecían más inabarcables que nunca y su blues rock estaba pasado de moda.

Pasado de moda. La camiseta de Pink Floyd que Johnny Rotten compró para escribir encima I hate, bien podría haber sido de Led Zeppelin o de los propios Stones. Para el punk, ellos eran dinosaurios, resquicios de una época pasada, arcaica, odiosa. La rabia que sentían no les permitía andar con arreglos demasiado complejos, órganos, saxofones o coros femeninos. Ni hablar de raíces negras. Había que contar con crudeza lo que pasaba. Principios muy respetables, pero a veces, superficiales. Detrás de cada pantalón raído se escondía Malcom McLaren,  el gran ideólogo de los Sex Pistols, el genio del marketing que planeó cada herida en la piel de Sid Vicious. La posición de The Rolling Stones ante esta generación se puede resumir en una declaración de Keith Richards en su biografía Vida (2010), en la que viene a decir que no tenía nada en contra del punk, si no le gustaba era porque no sabían tocar.  La otra vertiente musical que se desarrolló en los 70 fue el disco: un hijo bastardo del funk que proponía la total abstracción de los problemas sociales.

Los Stones habían publicado 5 discos en lo que iba de década. Si dejamos a un lado los gloriosos Sticky fingers (1971) y Exile on Main St. encontramos Goats head soup (1973) , It´s only rock and roll (1974), Black and blue (1976) e, álbumes lejos del esplendor que vivió la banda desde 1968 hasta 1972, cuando no fallaron ni una nota. Los discos que grabaron desde 1973 hasta Some girls son muy buenos, pero no perfectos. Y fue suficiente para darlos por muertos. Es posible que la sacudida que provocó el punk hiciera que, de pronto, los Stones pareciesen innecesarios. Pero seguían siendo muy necesarios. Lo demostraron con Some girls. Un disco grabado en Francia, donde ya se habían afincado en 1972 cuando les perseguía el fisco británico. Entonces grabaron el que está considerado como su mejor disco, ahora iban a firmar otra obra maestra. En febrero de 1977, la policía canadiense cazó a Keith Richards, acusándolo de tráfico de drogas. A mediados de año obtuvo la libertad condicional y marchó a París, para grabar junto a sus compañeros el máximo material posible, por si acaso.

Los mejores discos son los que suenan a su contexto, y Some girls suena a su contexto. Suena a la urgencia de grabar lo máximo posible con  Richards, suena a Ronnie Wood demostrando ser un Stone -por si quedaba alguna duda- y suena a Mick Jagger. Sobre todo  a Jagger. Siempre se ha dicho que las novedades sonoras que incorpora el álbum se deben al cantante principal, al que se le caía la baba con Bowie y, pensó, su banda no se podía quedar atrás. Con novedades sonoras me refiero a Miss you, a Lies o a Respectable. La primera es, en palabras de Richards, el resultado de una noche que Jagger pasó en Studio 54. The Rolling Stones tocando disco. Cuando estaban muertos. El resultado es genial, la banda no necesita ni un ápice de electrónica para transmitir lo necesario. Jamás renunciarían a su estilo. La brillantez de Miss you recae -además de en un eufórico Jagger- en la batería del inalterable Charlie Watts. Sin ese pulso interminable que marca, la canción sería un desastre. Él mismo se lo comentó a Diego A. Manrique: “Soy un batería limitado, pero no hay muchos que puedan mantener ese pulso en Miss you”. Watts habla poco, pero cuando lo hace hay que cerrar el pico.

Con novedades me refiero a Lies y a Respectable, ambas cortadas por el mismo patrón: elementos de la urgencia punk con Jagger tocando tres cuerdas en la guitarra. La segunda se ha interpretado como un ajuste de cuentas del cantante con Bianca Jagger, con quien había roto recientemente. Mick Jagger lo negó en su momento, argumentando que “solo era una historia sucia de rock and roll”, pero 30 años más tarde reconoció que quizá hubiera algo de despecho. Ese irónico y rabioso She´s so respectable/ Get out of my life (Ella es tan respetable/ vete de mi vida) no deja lugar a dudasSi los elementos modernos eran obra de de Jagger, las canciones que más parentesco guardan con el sonido Stone nacen de Richards. Gran amante de la Motown, no dudó en homenajear a The Temptations en Just my imagination (running away with me)Pero su aportación más emotiva a Some girls es Before they make me runAdemás de un sincero agradecimiento a Jagger por haber mantenido a la banda unida en medio de sus problemas con la justicia canadiense, Keef firma un testamento. Las muertes a su alrededor se sucedían sin control. La última había sido la de su alma gemela Gram Parsons, a quien parece referirse en el verso Well, here´s another goodbye to another good friend (Bueno, he aquí otra despedida a otro gran amigo). Richards se debatía entre la tristeza  drogota que le inundaba: Let me walk before they make me run/ after all is said and done/ I gotta move, it´s still fun/ I´m gonna walk before they make me run (Déjame ir antes de que me echen/ al fin y al cabo todo está dicho y hecho/ tendré que seguir adelante aun si es divertido/ Me iré antes de que me echen) y los soplos de vida que le insuflaban sus hijos: Gonna find my way to heaven, ´cause I did my time in hell (Encontraré mi camino al cielo, porque ya cumplí mi etapa en el infierno).

Watts, Richards, Jagger, Wood y Wyman

Watts, Richards, Jagger, Wood y Wyman

Aunque Jagger trajera nuevos ritmos a la máquina Stone, su gran momento llega en Beast of burden, una de esas canciones que dignifican el sentimiento Stone. Podríamos definir el sentimiento Stone como ese estilo de vida de unos perdedores que siguen amando la vida.  Pese a todo. Pese a no ser fuertes y rudos aquí, pese a tener un coche que no funciona y una guitarra vieja en Loving cup, pese a los fracasos en Angie. Después de 40 minutos de insurgencia, The Rolling Stones parecían decir: no somos así de salvajes. Somos buenos chicos, pero la cosa se ha puesto fea. La reedición de 2011 de Some girls se editó con el disco original más un segundo cd en el que aparecen 12 canciones que muestran dos cosas: 1) los Stones seguían siendo una banda de rock con acento blues. 2) Solo a ellos se les ocurriría no publicar estas canciones como un disco de estudio en aquella época. Digámoslo rápido: el material extra no desmerece a ninguna canción de la edición original de Some girls, aunque quizá no les hubiera quitado de encima el sambenito de ser unos dinosaurios, no encontramos disco ni punk. Solo blues. Siempre sucio. Resulta especialmente emotiva la versión que Keith Richards hizo del We had it all de Troy Seals. El pirata cree en cada palabra que canta. Le estaba viendo las orejas al lobo.

En junio se cumplirán 35 años de la publicación de Some girls, el disco que dejó K.O. a quienes clamaban por la cabeza de los Stones. Nadie iba a ser más salvaje que ellos. Al fin y al cabo, publicaban discos con un retrete o un paquete en la portada cuando Johnny Rotten llevaba pañales. Se suele decir que Some girls es el último gran disco de The Rolling Stones. Después han publicado muy buenas obras, pero no han vuelto a hacer un disco perfecto. Hoy, cuando la lengua sale a pasear convertida en la marca del capitalismo más desmesurado, resulta reconfortante escuchar discos como Some girls, un grito de otro tiempo que aún retumba.