Palabras más, palabras menos (Los Rodríguez): cerrad la puerta al salir

palabras-mas-palabras-menosSe suele hacer referencia a The Last Waltz (1976) como la mejor despedida que se ha hecho en el rock. El documental de Scorsese muestra un concierto en el que se oficiaba la despedida de The Band. Al escenario acudieron las primeras espadas de la época: Bob Dylan, Van Morrison, Eric Clapton o Neil Young. Otros creen que la mejor despedida de la historia es Abbey Road (1969) , el último trabajo que grabaron The Beatles. En cada segundo se oye una lucha entre la nostalgia y la necesidad de huir hacia adelante; un cóctel en el que los fab four se entregaron a la misma causa por última vez. En los anales del rock en castellano, el mejor disco de despedida probablemente sea Palabras más, palabras menos, publicado por Los Rodríguez en 1995.  A partir de Sin documentos (1993)la banda dio de bruces con la fama. La agotadora fama. Las giras interminables y el (¿inevitable?) ascenso de Andrés Calamaro en la jerarquía del grupo fueron royendo la estructura de la banda hispano argentina.

En la entrevista que Fernando Schwartz y Máximo Pradera les hicieron en Lo + Plus (1996) ya se puede observar a un Calamaro a años luz de sus compañeros, necesitaba volar solo. Se dice que en ningún momento hubo conflictos, pero en Palabras más, palabras menos se escucha ese entronamiento, Calamaro comienza a usar herramientas que desarrollará en su discografía en solitario. Había llegado el último y, después de dos discos, se había convertido en el líder. En 1995, Los Rodríguez era la banda de Andrés Calamaro. El álbum confirmó el salto de calidad que supuso Sin documentos, el cenit de la banda. El resultado de mezclar a los Stones con Sabina seguía siendo magnífico, pero no conviene olvidar que los elementos que hacían posible esa mezcla eran los aires sureños -sur argentino y español- que suelen aparecer en la resolución de las canciones; esos tintes de rumba y flamenco, esos homenajes a Sergio Makaroff y Benito de Jesús.

Los Rodríguez son lo más parecido a The Rolling Stones que ha visto el rock en castellano. Musicalmente, el principal responsable de este sello es Ariel Rot, declarado alumno de Keith Richards y, por extensión,  Chuck Berry. Pero el rodríguez que evita que la banda se convierta en una burda imitación de sus satánicas majestades es, de nuevo, Calamaro. Quizá no hubo  conflictos porque la evolución del cantante como rockero estaba siendo tan apabullante que la evidencia cayó por su propio peso. El talento de Calamaro debía dirigir la nave. Asimiló la filosofía stone: personajes decadentes a los que solo les salva del fuego infernal su urgencia por contar sus sentimientos más profundos. Pero en Palabras más, palabras menos, todavía eran una banda. No había dictaduras, aunque quizá sí una (el tiempo nos ha demostrado que involuntaria o inconsciente) lucha de egos entre Calamaro y Rot. Lucha musical. La canción que más se recuerda del álbum fue compuesta por Rot: Mucho mejorpopularmente rebautizada como Hace calorUn éxito radiofónico. Quizá la única pieza que haga digno el concepto canción del verano. No porque la saque una marca de cerveza  o una agencia de viajes en un anuncio. Si no porque es el verano. Es cálida. Si Rot componía con un hit radiable, Calamaro contratacaba con Para no olvidar, la otra canción que se suele asociar a Los Rodríguez. Pero esto es injusto. No injusto con la banda. Injusto con nosotros mismos. No hay nada más lejano a la realidad que la idea de que estas canciones son las mejores de la banda. 

Andrés Calamaro, Ariel Rot, Germán Villela y Julián Infante

Andrés Calamaro, Ariel Rot, Germán Villela y Julián Infante

Casi diría que esas canciones son las más flojas de Palabras más, palabras menos. Uno de los momentos más emotivos es la canción que Joaquín Sabina escribió para este disco: Todavía una canción de amor. En un restaurante, Calamaro le pidió a Sabina una letra para el disco que tenían en el horno. Dice la leyenda que el mago de Úbeda volvió en 10 minutos con la canción escrita. Puro Dylan. Hay una versión en directo que muestra la devoción de la banda hacia el maestro y del maestro hacia la prueba del rock vivo. Las intervenciones de Calamaro, ese qué gran verdad de Sabina, son frases propias de un adolescente la primera vez que escucha a Sabina, a Bunbury, a Dylan o al propio Calamaro. Pero la canción más desgarrada, la mejor del lote (y de las mejores que ha escrito el argentino) es En un hotel de mil estrellasLa decadencia más absoluta. Calamaro muestra sus dotes poéticas pero también sus dotes como músico. La mitad de los pelos que se ponen de punta se deben al piano y a la armónica del bonaerense. Canta sobre la pobreza sin una visión maniquea, esa hipocresía burguesa de la que hablaba Susan Sontag. Calamaro muestra las distancias en todo momento. Sublime. En medio de esta guerra aparece Extrañoobra del malogrado guitarrista Julián Infante. El tiempo ha dotado de un misterio sobrecogedor a esta canción. Es una aparición en escena como aquella de Keith Richards con Happy en Exile on Main St.

Hay tres canciones que muestran de donde venía Calamaro, que era en ese momento, y la causa de lo que será después. Algunos hombre buenos deja ver su evolución como letrista, algunas de esas escenas serán desarrolladas en Honestidad brutal (1999), su gran obra maestra. Una forma de vida es un retazo del sur americano que se convirtió con el tiempo en marca de Calamaro, rock cocinado a fuego lento con la sangre de su autor. Muchas horas escuchando a los Stones. Otra canción que enseña los juguetes que usará en el futuro es Aquí no podemos hacerlo, esas atmósferas funk son por un lado, otra seña de identidad de Calamaro y, por otro, una muestra de su eclecticismo musical: en menos de media hora puede meter en un disco una ranchera, una canción country, algo de blues, rock garajero y folk rock al estilo Dylan. En el concierto que dieron en Las Ventas en 1996, Calamaro introdujo a la canción con una declaración de libertad que lleva su firma; mitad Che Guevara, mitad bufón demagogo. Siempre artista en el sentido más amplio. Palabras más, palabras menos es el Some girls de Los Rodríguez. Igual que The Rolling Stones en 1978, Los Rodríguez grabaron una obra maestra cuando todos les daban por muertos. Una melancolía arrebatadora ha envuelto a Palabras más, palabras menos con el paso del tiempo; sabemos que fue su última obra, el último testimonio de una banda que argentinos y españoles se pelearon por identificar como propia. Infante y Villela (batería) murieron de sobredosis, Calamaro y Rot siguen en la lucha. Cada uno a su manera: el primero sigue siendo el Keith Richards hispano, pero más elegante. Con el paso de los años ha aprendido a acaparar los focos. Calamaro sigue dialogando con su genialidad, que a veces le juega malas pasadas. Palabras más, palabras menos es  una obra maestra que ha envejecido, pero que sabe andar con bastón.