Before the fire (Rival Sons): camino al sol

RivalSons - Copy“Por la mañana te levantas y lo tienes todo. Conforme pasa el día, te deja tu chica y te despiden del trabajo. Por la noche solo te queda el blues. Siempre te queda el blues”. La frase es del -recientemente fallecido- bluesmen Skip Pitts, y se podría utilizar para refutar esa  teoría tan extendida que mantiene que todo el hard rock que se hace hoy es una copia de Black Sabbath y Led Zeppelin. Es inevitable que la oleada de bandas de este estilo que ha surgido en los últimos años –Jet, Wolfmother, Cluth o Graveyard– beba de los referentes, de los dioses de los setenta. Es cierto que algunas bandas han caído en dos o tres discos en la trampa que Black Sabbath, Led Zeppelin o AC/DC supieron evitar: la repetición de patrones. O si se repitieron lo hicieron con tanta calidad que quedó en algo anecdótico. Pero también es cierto que estas bandas han permitido que los que ahora tenemos 20 años podamos disfrutar de una -supongamos- décima parte de lo que oyeron nuestros padres en los setenta. Y con otros nombres. Estas bandas adaptan las herramientas a nuestra época. Viendo los discos que este estilo ha visto crecer en los últimos tiempos, quizá podamos concluir que mezclar las voces souleras con guitarras de blues y baterías atronadoras no sea patrimonio de Ozzy Osbourne, Robert Plant, Angus Young y todos los iluminados de su generación. Es posible que sea una evolución natural, una forma de expresión tan humana que seguirá  prsente cuando el tataranieto de Jimmy Page tenga nietos.

Uno de los discos capitales de este hard rock de nuevo cuño se publicó en 2009 y se tituló Before the fireLa banda que lo inventó se llama Rival Sons y han editado dos discos más (Pressure & Time, 2009 y Head down, 2012). Muy buenos los dos. Pero ninguno llega a la explosión que provoca su debut. En 30 minutos da tiempo a saltar, derribar paredes, tener un momento de lucidez para agradecer a nuestros antepasados su herencia, volver a saltar, volver a derribar paredes, llorar, susurrar y gritar. Before the fire es un disco autoproducido que parte de Los Angeles, viaja a Memphis, a Inglaterra y llega hasta la India. Y vuelve a Los Angeles. Es una charla entre amigos una noche, en la que cada uno cuenta lo que va a hacer en un futuro próximo. Y cuando le toca el turno al cantante Jay Buchanan suelta un monólogo de media hora. Todos sabemos que está colocado (él mismo lo reconoce), pero lo que cuenta es tan sincero que no importa nada más. Es como esas escenas de Con Faldas y a lo loco en las que aparece Marilyn y por mucho que quieras no puedes dejar de mirarla.

Esa sensación recorre tu cuerpo desde Tell me something hasta Nanda-nandana. Rival Sons saben que para que un disco sea una bomba debe comenzar y concluir con fuego. La primera provoca los mismos espasmos que cualquier canción brillante (quizá una redundancia) de Led Zeppelin o Black Sabbath. Bastan cinco segundos para ponerse a temblar. Scott Holiday se saca de la manga un riff de los que llevan asustando al ser humano unos cincuenta años. 4 notas. No sobra nada. No falta nada. Jay Buchanan avasalla con su garganta, llena de arena. La mayor virtud de Rival Sons es no limitarse a acompañar a un cantante que desborda cada nota. El resto de la banda, especialmente el guitarrista Scott Holiday y el bajista Robin Everhart, parecen retarse. El que quede atrás será humillado. Gran homenaje a CreamNanda-nandana es el viaje de vuelta a Los Angeles. Si no es un prodigio de lírica es porque Buchanan no ha encontrado palabras para materializar lo que está sintiendo. Y no puede perder tiempo en buscarlas. Tiene que sacarlo. Y luego está la mano de Holiday. Por favor. ¿De verdad no está tocando Tony Iommi?

Con estos dos puntos, es muy difícil que la línea que los una raye al mismo nivel. Rival Sons lo consiguen. Es cierto que en algunas canciones parecen tomarse un descanso, pero Pocketful of stones, I want more, Pleasant return (mención especial a ese aire indio que hubiera firmado el mejor George Harrison) o Lucky girl son auténticas guerras relámpago. Muy significativo el caso de esta última canción: cuando Holiday y Everhart parecen enzarzarse en una disputa sin posible solución, aparece Buchanan arañando con el estribillo. Los otros parecen mirarse y bajan la cabeza. Todo está dicho. En realidad no todo está dicho. Hay dos canciones en Before the fire que convierten un disco magnífico en un escalón de la escalera al cielo que Led Zeppelin construyó en 1971. Una de ellas es Memphis Sun. Un momento de lucidez en el viaje de Buchanan. Es consciente de lo que está creando. Comienza la canción con una imagen devastadora: I’m on a wire above the water/I’m getting further from what I need/and now it’s too late to turn the corner (Estoy en un cable sobre el agua/ me estoy poniendo más de lo que necesito/ y ahora es demasiado tarde para volver). La imagen es alucinante porque Buchanan no la ruge. Es su sangre la que canta. Se concentra para llegar al sol de Memphis. Ha escogido la ciudad que más alto tiene el sol. Pero al final de la canción lo alcanza.

La otra canción de la escalera es On my way, que saca a relucir el crooner más elegante que habitaentre pelo y cuero, en el interior de Buchanan. Es como esas canciones de Otis Redding en las que, desde el principio, sabes que el clímax de la canción te hará llorar. Jay Buchanan se eleva unos centímetros (más) del suelo y su cuerpo es poseído por el rock con mayúsculas. Y por el soul con mayúsculas. Y el blues con mayúsculas. Todo mayúsculo. La banda toco On my way en  un acústico que hicieron en la estación St. Pancras de Londres. Y el vídeo emociona más allá de la canción. Antes de empezar a cantar, Buchanan parece un freak más de los mil que te encuentras en una estación. Pero saca su voz y la historia cambia. Cierra los ojos y se pone de puntillas. Rock and roll. Lo peor del disco es el título. ¿Cómo que Before the fire? Esto es el fuego. También su causa y su consecuencia. Rival Sons pasa de lo que está de moda. No han inventado la pólvora pero sería cínico acusarles de plagio o cualquier sandez por el estilo. Cuando The Black Keys rebajan su crudeza, Rival Sons se presenta para seguir prendiendo la mecha del rock.