El quejido de Julian Casablancas

En el sentido de las agujas del reloj: Moretti (batería), Fraiture (bajista), Casablancas (cantante), Valensi y Hammons (guitarristas)

En el sentido de las agujas del reloj: Moretti (batería), Fraiture (bajista), Casablancas (cantante), Valensi y Hammond (guitarristas)

La teoría de la vida que Sick Boy le cuenta por enésima vez a Renton en Trainspotting dice que “hay un momento en que se tiene, y  después se pierde. En todas las facetas de la vida”.  George Best, David Bowie, Lou Reed y Sean Connery son los ejemplos que ilustran su conjetura. La película se publicó en 1996. Si se hubiera grabado diez años después, Sick Boy habría puesto a The Strokes como ejemplo más rotundo de su teoría. En 2001, la banda de Nueva York publicó un álbum titulado Is this it que supuso una revolución en el adormecido rock de principios de siglo. Habían vuelto las guitarras y los garajes. The Strokes venían a salvar el rock. La banda que abanderaría la batalla del rock frente a las esperpénticas bandas de rap-metal y las boy-bands que comenzaban a sobrepoblar el panorama musical. Hay que decir que esta batalla se la inventó la prensa especializada. Nunca un integrante de la banda se erigió líder de la manada de las 6 cuerdas.

12 años después, Is this it sigue siendo una obra fundamental para entender nuestro tiempo. Es la posmodernidad hecha música: guitarras heredadas del punk con un imitador de Lou Reed al micrófono. Solo con eso ya sería un buen disco, pero el debut de The Strokes cuenta los traumas de esos jóvenes a los que no se les permitía estar tristes porque ya hubo bastante con la Generación X. Las guitarras suenan rabiosas y las melodías contrastan con el -casi- nihilismo que transmitía la voz y la actitud de Julian Casablancas.  Un disco redondo. Dos años más tarde, presentaron su segundo disco: Room on Fire. Las críticas fueron turbias, se había acabado la unanimidad alrededor de los salvadores. Escuchado con la perspectiva que dan los diez años desde su lanzamiento, se pueden entender las críticas que recibió Room on Fire. The Strokes habían apuntado demasiado alto con debut. Pero el segundo trabajo era bueno. Es cierto que aparece el (temido) relleno y que las guitarras están menos sincronizadas que dos años antes. Pero Julian Casablancas seguía  desesperado y lo transmitía. Seguía siendo honesto.

El siguiente paso que dio la banda fue desprenderse de la espontaneidad que derrochaban y producir más su música. En algún momento se tomaron demasiado en serio lo de salvadores del rock.  En 2006 The Strokes enseñaban al mundo su tercer disco, First Impressions of Earth. Cada vez el relleno ocupaba más y la honestidad menos. Pero seguía teniendo un mínimo de calidad. Entre el tercer disco de la banda y Angles (2011), Casablancas grabó un disco en solitario llamado Phrazes for the Young (2009). Un despropósito. De pronto las guitarras se habían escondido y los sintetizadores cobraban protagonismo. Como Radiohead pero de broma. El título es un homenaje a Poe (que llamó así a una obra), lo que agranda más la pomposidad del álbum. Sonaba como si Casablancas se quitara la chupa de cuero y los vaqueros rotos y se pusiera un traje viejo que le viniera grande. Un traje con el que parecía un payaso. Sin embargo, Phrazes for the Young resulta aceptable una vez que escuchas Angles, el -hasta ahora- último disco de la banda. Un álbum irrisorio del que se salvan dos o tres canciones. Una tragicomedia, Casablancas convertido en una caricatura de sí mismo solo 10 años después de su debut. Que Iggy Pop sea ahora una caricatura de lo que fue se puede hasta entender, pero con 31 años no.

Si escucháramos los discos en orden contrario a su publicación, concebiríamos a The Strokes  como una banda que empezó sonando como la mayoría de bandas actuales (The Vaccines, Two Door Cinema Club) y al cabo de cuatro discos alcanzó su cumbre creativa al encontrar un sonido que les diferenciaría de las bandas mencionadas. Al principio, se apreciaba la voz de su cantante. Pero se hubiera notado cierta mojigatería, como si no tuviera nada en la cabeza o como si le resultara pavoroso enseñar lo que tiene. Poco a poco se habría convertido en un deslenguado con una actitud que bien podría definir al rock and roll. Pero esto sería un sueño. Historias de alguien a quien le duele el giro que está tomando la banda. La idea me ronda la cabeza desde que escuché Angles. Lo intenté, pero era imposible defender aquel estercolero. Me intenté engañar y desde entonces escucho los discos en orden inverso. Pero a finales de enero la realidad me golpeó. The Strokes presentaron un adelanto de su próximo disco, que verá la luz este mes. La canción se llama One way trigger y solo diré que, a su lado, cualquier canción de Angles es brillante. Como si quisieran revalorizar sus anteriores trabajos haciendo cada vez peor música. A los pocos días presentaron una segunda canción, All the time, que sonaba mejor. Pero no tenía el gran sello de toda la (buena) música que han hecho los de Nueva York.

Ese sello, que llamaré El quejido de Julian, se oye en cada segundo de Is this it y se va escondiendo en los discos posteriores. El quejido que venía después de esas estrofas que Julian se marcaba casi hablando. Ese quejido nos pillaba desprevenidos y nos partía la cabeza. Ese quejido era lo más rock -junto al sonido Jack White– de la década pasada. Ese quejido instaba a cualquiera a dejar lo que estuviera haciendo y crear una banda. Como The Velvet Underground, pero en el siglo XXI. El quejido alcanza su mayor expresión en Take or leave itdel debut de la banda. Una de las canciones más honestas que han salido de la garganta de Casablancas. También está en la celebérrimaLast nite o en la censurada (después del 11-S no se podía decir que los policías de Nueva York son imbéciles) New York City copsIs this it es la definición de el quejido de Julian. En Room on Fire se oye en Reptilia What ever happened? (Ese I wanna be forgotten es la frase de una generación) o The way it is. First Impressions of Earth muestra un quejido menos sucio. Menos rabioso, solo lo encontramos en su versión original en Vision of DivisionEn Angles no está y no se le espera. Tampoco lo espero en Comedown Machine. Quizá fuera el testimonio de una época que ha terminado. Julian Casablancas sigue buscando la fórmula y parece no haberse dado cuenta de que la tiene en su alma. Mucho me temo que hubo un momento en que lo tuvieron. Y después se fue. Para toda la vida.

Santini Rose