Delantera mítica (Quique González): cuero y seda, seda y cuero

quique-gonzalez-24-01-13No voy a empezar mi crítica con una frase de Bob Dylan. Me parece un delito. Las dos críticas que he leído de Delantera mítica comenzaban: “como decía Bob Dylan…” Este ese uno de los pocos momentos en los que no me importa lo que diga el judío errante. Entiendo que es adecuado contextualizar la obra de Quique González con reminiscencias a su gran maestro, pero el principio, el desarrollo y el final de cada texto debería hablar del crecimiento del músico madrileño. En su voz, en sus letras, en su estilo. Así que mi crítica comienza de nuevo. Esta vez de verdad.

Quique González se asienta en la realeza del rock en castellano. El mundo rockero le concedió un sillón hace años, para mí siempre le faltó un pelín de la pegada de Calamaro, la desesperación de Vegas o la pasión de Bunbury. Pero a nivel de letras la cosa cambiaba. Estaba a la altura de todos ellos. Y de cualquiera. Pues bien, aquí viene Quique González con Delantera mítica y me obliga a no volver a decir que no tiene espíritu rockero. El álbum alcanza el equilibrio entre unas letras muy cuidadas y una instrumentación abrumadora. Y ahora sí. Aquí aparece Dylan. El mago de Duluth es el gran apóstol para cualquier poeta que no quiera estar todo el día en casa en calcetines, esperando a  una escurridiza musa. Quique González es un viajero mitad poeta y mitad rockero. Delantera mítica es su retrato más fiel. Es llevar una camisa de seda y encima una chupa de cuero gastado. Es un grito al oído.

El disco es tan real como una respiración. Podríamos dividirlo, como tal, en inspiración y espiración. En las primeras 5 canciones, el madrileño muestra nervio, habla de lo que está pasando y escupe rabia. Las 7 restantes son los restos del tsunami. Tenía que decírtelo abre el disco. Es una canción que resume la obra entera, por algo ha sido el primer single. Las escenas que se describen al principio recogen la mayor virtud del estilo lírico de su autor. Son flashes de película. Quique González abre el disco como Sam Peckinpah abría sus películas. Todo en calma hasta que llegan los indios, en este caso los presidentes de la desesperación. La instrumentación es brillante, ahí está el equipo de Nashville para poner el mazo y la aguja. Pero el disco no solo vive en el sur de Estados Unidos. Hay mucho Madrid, como en toda la obra de González. En este caso, los granos de la capital los aporta Leiva, que marca con su sello a La fábrica y a Me lo agradecerásEl caso de esta última es especial: si su atmósfera tiene la marca del ex Pereza, la letra podría tener la rúbrica del Calamaro más sentimental. Ese Algunos se emocionan/ algunos siempre piensan en lo mismo es el verso perdido de La libertadPor si fuera poco, la voz de Zahara provoca más latidos por segundo.

Dallas-Memphis es impresionante, una muestra de la evolución de González. Rock fronterizo. Y cuando en España dices eso, estás hablando de Bunbury. Porque además estamos hablando de la misma frontera: Estados Unidos-México. Pero hay una gran diferencia. El rock fronterizo de Bunbury va de México a Norteamérica, y el del rockero madrileño hace el trayecto contrario: esto puro sur americano. No es extraño porque podríamos definir a los músicos que han tocado en Delantera mítica como puro sur americano. Y González ya se mueve bien en el sur, no tartamudea y no baja los ojos ante los vaqueros. Su voz tiene un feeling alucinante, algo que se echaba en falta en Daiquiri blues (2009), donde los músicos eran los mismos pero no había tanta compenetración.  Junto a Dallas-Memphis, el momento de mayor brillantez es Parece mentira, de nuevo escenas de Peckinpah: el gol de Iniesta, románticos desesperados y heridas en el orgullo.  ¿Dónde está el dinero? es la canción más aplastante, la letra más rabiosa, el asunto más punzante. González se había referido a la canción en varias ocasiones, diciendo que nunca había hecho una canción tan crítica. Al principio, ¿Dónde está el dinero? me decepcionó, esperaba más puñetazos, algo al estilo de Cómo hacer crac (Nacho Vegas). Después entendí el estilo, la elegancia.  Su pluma precisa de acusaciones sin nombres y apellidos. Dylan no lo hubiera hecho mejor.

La penúltima canción es Delantera mítica, con más feeling soul. Deja entrever el gran esfuerzo de Quique González por no encasillarse como un artista maldito que siempre habla de (des) amor. Delantera mítica es la amistad forjada a balonazos y a cerveza. Eso no quiere decir que en el disco no haya amor, porque en todo gran disco hay amor. Y este es un gran disco. El álbum termina con una versión de Is your love in vain? (Bob Dylan, Street Legal, 1978). Siempre que alguien ha hecho una versión de Dylan la ha arropado más que su autor,  sirvan como ejemplos  Mr. Tambourine man (The Byrds), House of the rising sun (The Animals) o All along the watchtower (Jimi Hendrix). Quique González la convierte en ¿Es tu amor en vano? Y se atreve a desnudarla más que Dylan. Podría resultar osado, pero es valiente. El resultado es magnífico. Si a Dylan le importara lo más mínimo el mundo en el que todavía vive, daría el visto bueno. 

La producción de Brad Jones es maravillosa. Una banda formada por gente como Chris Carmichael o Will Kimbrough. Qué vamos a decir de gente que ha tocado con Emmylou Harris o Mark Knopfler. Solo falta el pedal steel del mítico Al PerkinsDelantera mítica suena a artesanía del rock, a un trabajo hecho en casa. Podemos escuchar cada decisión que ordenó el madrileño  -porque aquí ha marcado él la senda- y a los  de Nashville acatar. Quique González canta como nunca y su disco no tiene nada que envidiarle a los dioses de la artesanía del rock, desde Tom Petty hasta Ryan Adams.

Santini Rose