The Freewheelin´ (Bob Dylan): el martillo con mango de terciopelo

tumblr_lt2yrrFtKS1qchkhjo1_500Antes de 1963, Bob Dylan era el chico prometedor de la escena folk neoyorquina. Era conocido en el Greenwich Village y poco más. Había firmado su debut, homónimo, un año antes. En él,  dejaba claro su amor por el rock and roll de los 50 (Dave van Ronk), por el blues más oscuro (Blind Lemon Jefferson) y por su gran ídolo, Woody Guthrie. Todo  pasado por el filtro de una voz insegura  -a veces torpe- y una guitarra recién estrenada. Visto con la perspectiva que permiten los 51 años desde su publicación, el homenaje a Guthrie, Song to Woodyse puede entender como un indicio de la actitud que mantendrá Dylan por los siglos de los siglos. Honrará a los que han cantado antes que él, pero destruirá al mito y se quedará con el artista. Y siempre intentará ir un paso más allá. Es lo que supuso su segundo álbum, publicado en 1963 y considerado por algunos como el auténtico debut de Dylan, debido a que todas las canciones nacen de su pluma. The Freewheelin´ fue muchos pasos adelante. Muchos.

En primer lugar, porque Dylan deja de sonar inseguro y a sus 22 años se convierte en un maestro. Esa seguridad viene del apabullante salto que registran las letras. El trovador de Minnesota comienza a escribir literatura. Cuando el disco solo lleva diez segundos reproduciéndose ya sabemos que es una obra de arte. Ese How many roads must a man walk down/before you call him a man? (¿Cuántos caminos tiene que andar un hombre/ antes de que le llaméis hombre?) en Blowin´in the wind refleja una época. Los negros también eran hombres. Esta es la gran revolución de The Freewheelin´: Dylan no pierde ni un ápice de su compromiso social, la denuncia es clara, pero encumbra su mensaje con una fuerza estética desconocida. Es como si el martillo tuviera en el mango un pañuelo de terciopelo. Otra muestra de brillantez de esta canción es la forma que toman los versos. Dylan sabe la respuesta a cada pregunta que está formulando. Pero tiene 22 años y se encuentra en un mundo oscuro, lleno de una fatalidad que no alcanza a comprender. Tiene muchas dudas. Como diría en en un concierto ese mismo año: “Solo tengo 21 años. Pero sé que ha habido demasiadas guerras”.

La indignación alcanza sus cotas más altas en Masters of waruna carta sobre dos acordes. Dylan recita indignado: Come you masters of war/You that build all the guns/You that build the death planes/You that build the big bombs/You that hide behind walls/You that hide behind desks/I just want you to know/I can see through your masks (Venid maestros de la guerra/ vosotros que construís todas las pistolas/ vosotros que construís los aviones de la muerte/ vosotros que construís las grandes bombas/ vosotros que os escondéis detrás de muros/ vosotros que os escondéis detras de escritorios/ solo quiero que sepáis/ que puedo ver a través de vuestras máscaras. Pero su acusación más profunda no ha llegado todavía. Cuando parece imposible que la letanía sea más grave, el trovador canta: You’ve thrown the worst fear/that can ever be hurled/fear to bring children/into the world/for threatening my baby/unborn and unnamed/You ain’t worth the blood/that runs in your veins (Vosotros habéis extendido el peor miedo/ que jamás pueda ser gritado/ miedo a traer hijos/ a este mundo/ por haber amenazado a mi hijo/ nonato y sin nombre/ no valéis la sangre que corre por vuestras venas). La piel ya está erizada desde hace rato y el joven se ha convertido en un icono antibelicista. Aún tiene más: And I hope that you die/and your death’ll come soon/I will follow your casket/in the pale afternoon/and I’ll watch while you’re lowered/down to your deathbed/and I’ll stand o’er your grave/’til I’m sure that you’re dead (Y espero que muráis/ y que vuestra muerte venga pronto/ seguiré vuestro ataúd/ en la pálida tarde/ y esperaré mientras sois bajados/ a vuestro lecho de muerte/ y me quedaré sobre vuestra tumba/ hasta asegurarme que estáis muertos). Así se hace Historia.

Dylan todavía tiene tiempo para cantar a la gran tormenta que iba a caer. A hard rain´s A-gonna fall ha sido interpretada como una premonición de una guerra entre Estados Unidos y Rusia a partir de la crisis de los misiles de Cuba. Pero la canción estaba terminada cuando el mundo vivió en el abismo. Más bien se trata de la primera piedra de un tema recurrente en la lírica del rockero: la Biblia. Canta a la visión profética del fin de los tiempos (Daniel 8). Entre tanta problemática social, al joven Dylan todavía le da tiempo a hablar de amor. O de desamor. Ya  retrataba a la perfección el amor. O el desamor. It ain’t no use in /callin’ out my name, gal/like you never did before/It ain´t no use / callin´out my name, gal/ I can’t hear you any more/I’m a-thinkin’ and a-wond’rin’ /all the way down the road/I once loved a woman /a child I’m told/I give her my heart but she wanted my soul/but don’t think twice, it’s all right (Así que de nada sirve/ que grites mi nombre, nena/ como nunca antes lo hiciste/de nada sirve/ que grites mi nombre, nena/ no puedo oírte/voy pensando y preguntándome/ carretera abajo/ que una vez amé a una mujer/ una niña me dijeron/ yo le di mi corazón, pero ella quería mi alma/pero no lo pienses dos veces, está bien), lamenta. Al fin y al cabo este es el álbum de un chico de 22 años. Un genio. Sí. Pero de 22 años.

En The Freewheelin´ya se observa cierta tendencia a los pasos que irá dando Dylan hasta dejar las camisas de cuadros y los vaqueros para enfundarse en trajes de Carnaby street y zapatos de ante. Su poesía adquiriría un aire beat que sumado a sus influencias simbolistas conformaría, quizá, la mejor obra poética del siglo XX. Esa fue la revolución en el cómo y tendría que esperar hasta 1965. Con 22 años ya había prendido la mecha de la revolución en el qué.

Santini Rose