Micah P. Hinson and The Gospel of Progress (Micah P. Hinson): no soy un autor maldito más

51F13G06CKL._SS500_“Encuentro extraño que la cantidad de drogas que tomaba durante la grabación y promoción de The Gospel of Progress fuera mucho menor de lo que los chicos y chicas de la prensa estaban pensando y escribiendo. En ese momento yo ya había encontrado la salida a la mayor parte de aquellos vicios. Los consideraba en general muy aburridos y si al final sirven de algo, sólo lo hacen para hacerte a ti y a tu alma estar hartos, de ninguna manera merece la pena el tiempo desperdiciado. Aunque cuando me di cuenta de que había un poco de verdad en esto, los dioses me enviaron un poco de suerte sombría, pero mi vida torció a la izquierda en vez de hacerlo hacia la derecha”. Así se mostraba Micah P. Hinson después de la publicación de su debut. Estupefacto. Extrañado ante la caricatura que se hacía de él. La prensa especializada lo iba a convertir en un artista maldito más. Su disco era bueno, el producto de las drogas y la mala vida, ¿cuántas veces hemos oído la misma historia? Parecían rezar las cabeceras que se hicieron eco de Micah P Hinson and The Gospel of Progress.

El disco se editó en 2004 y Hinson fue encuadrado dentro del revival folk que ya se comenzaba a respirar, aunque todavía no se supiera nada de Fleet Foxes, Bon Iver o Mumford & Sons, las patas -más Hinson- del movimiento. El debut de estas bandas (Fleet Foxes, 2008; For Emma, forever ago, 2007 y Sigh no more; 2009, respectivamente) fue un descubrimiento para la crítica. Pero The Gospel of Progress fue recibido como si solo fuera un buen disco. Hoy es un disco olvidado, como su autor. El Nick Drake de nuestra época. El disco bebe de la vida de Hinson, de sus adicciones, de sus idas y venidas, de su paso por la cárcel, de su espíritu y de su máquina de escribir. Cuando tienes 23 años y ya puedes hablar de todo eso es que has vivido muy deprisa. Ese espíritu, casi beat, también corretea por las grietas del álbum. Es un homenaje a la música popular americana del siglo XX, desde Woody Guthrie a Bruce Springsteen, pasando por Dylan, Cash y Young.

Todas las canciones forman un entramado tan abrumador de la América profunda que le hubiera ayudado a Johnny Cash a quitarse de la cabeza la idea de que el folk y el country son banales en esta época. Cash mantiene en su autobiografía que el country era una música que deriva de un modo de vida, mientras que lo que ahora se produce es, según él, un modo de vida que deriva de una música. Quizá Hinson no haya estado en una plantación de algodón en su vida, pero se sirve de su guitarra y su voz -qué voz- para crear un disco imprescindible.

The Gospel of Progress tiene momentos de huida, de desesperación y de decadencia. Ahí está As you can see, una canción que merecería una entrada entera. As you can see/ I will fall/ with the right wing/ giving in/ I will find a way/ to get us in safely/ I cannot promise a thing (Como puedes ver/ caeré/ con el partido de derechas/ cederé/ encontraré una forma/ de que estemos a salvo/ no puedo prometer nada) canta, seguro, Hinson. Esa seguridad se la transmite el amor que siente por otra persona. Pero después se da cuenta de que siempre ha sido un tipo inseguro y dramático y entona: As I can see/You will fall/With the left wing/it’s giving in/tell me you’ll find a way/to get us in safely/I know you can’t promise a thing (Como puedo ver/ caerás/ con el partido de la izquierda/ estás cediendo/ dime que encontrarás una forma/ de que estemos a salvo/ sé que no puedes prometer nada). Es la historia de unos malditos Romeo y Julieta en el siglo XXI. Brillante. En Beneath the rose vuelve a aparecer la caída, tema recurrente en Hinson, su forma de expresar lo decadente que fue su vida.  I will lay down/ I can be found beneath the rose/ alone/ Safe to say that/ I’ll never be found/ broken bones holding loose/ you will be crowned/queen of all you have found (Caeré/ y me podrás encontrar bajo la rosa/ solo/ Es seguro decir / que jamás seré econtrado/ huesos rotos manteniéndome suelto/ Serás coronada/ reina de todo lo que has encontrado), clama Hinson. Pero estas letras están protegidas por los geniales arreglos instrumentales y por la voz del autor. La manera  en que pronuncia I will lay down es la voz de quien de verdad va a caer. Sobrecogedor.

También encontramos a un Hinson que advierte a su chica que no le tome siempre en serio, al más puro estilo del joven Bob Dylan, en Don´t you forgetThere are things/ that I say/that don’t mean a thing anyway (Hay cosas/ que digo/ que no significan nada), pero le entra miedo de que ella se enfade y le deje, y entonces no para de repetir y rogar: and don´t you/ forget about me (y no/ no me olvides). Otras veces se muestra maduro y cuida a su novia enferma: Close your eyes and don’t you make a sound/ there’s no worries now/ close your eyes and don’t you make a sound/ there’s no worries now/ there’s no-one else around (Cierra los ojos y no hagas ruido/ no hay preocupaciones ahora/ cierra los ojos y no hagas ruido/ no hay preocupaciones ahora/ no hay nadie alrededor), canta en Yourself asleep again. Quizá Hinson sea el único que con 23 años pueda cantar esos versos y no sonar ridículo. Otro momento de gran brillantez en The Gospel of Progress es Caught in between, donde el joven de Memphis canta, dudoso: My heat or my love/ and my time is giving into/convincing myself that/I don’t know/you are anything/anything at all (Mi calor o mi amor/ y mi tiempo se rinde/ convenciéndome de que/ no sé/si eres alguien/nada en absoluto).   

The Gospel of Progress termina con The day Texas sank to the bottom of the sea,  otra canción punzante. Una oda al espíritu. Al suyo y al nuestro. Solo así podía concluir un disco fantástico, a la altura de cualquiera de los discos que hizo Johnny Cash con Rick Rubin, a la altura  de The Freewhelin´ de Bob Dylan. Quizá un poco por debajo del álbum del judío errante en letras, pero bastante superior en aristas, en vida. Superior como álbum de un genio joven. Su grandeza está en que puede hablar de la muerte con la credibilidad de alguien de 70 años pero sin sonar viejo. Pero no es un anciano de 30 años. Es la certeza del cambio, la voz que anuncia la (definitiva) muerte de lo viejo y el (definitivo) nacimiento de lo nuevo. Y lo hace con herramientas de lo viejo. Ese es el paradigma del cambio.

 Santini Rose