Wonderful, glorious (Eels): Abre la ventana y huele la flor de melocotón

eels-Wonderful-Glorious-628Por primera vez desde la trilogía que formaron sus últimos discos, Eels ofrece un trabajo que ahonda en más de un sentimiento. Si Hombre Lobo (2009) era la exaltación del nuevo amor, el mírame-mundo-soy-feliz, End Times (2010) era la caída al pozo más hondo. El amor había desaparecido, tocaba derribo. Tomorrow Morning (2010) fue la nueva construcción (no solo) espiritual después del derribo, era seguir viviendo pese a todo. Era la redención. Bien. Pues en Wonderful, glorious tenemos un poco de cada sentimiento, pero ni el amor es tan exaltado ni la melancolía tan acusada. Mark Oliver Everett pasa de ser un autor maldito. Quizá la única razón por la que no lo sea es que no se toma demasiado en serio a sí mismo.

Wonderful, glorious, publicado ayer, comienza con Bombs Away, que tiene el ritmo que hizo brillante a  There, There de Radiohead. Pero una vez que la batería no está sola, desaparece cualquier similitud con la banda de Oxford. La guitarra de Everett parece salir de cualquier grabación que Marc Ribot haya hecho para Tom Waits, y eso no es cualquier cosa. Esa mezcla de Waits con aromas lo-fi está en todo lo bueno que ha hecho Eels, que es mucho. Es la mezcla que late en Novacaine For The Soul Susan´s houselas canciones que permitieron a E comer de la música. El Everett más garajero aparece en Kinda Fuzzy La canción es excelente, pero cuando E grita se convierte en genial. Hablamos de ese grito que está en los discos de felicidad de Eels, ese disco que recorre cada segundo de Hombre Lobo. Kinda Fuzzy también es una muestra de la ironía de Everett. Ironía en la forma. Cualquiera diría que el estribillo I´m feeling kinda fuzzy (Me siento un poco borroso) daría lugar a una canción triste. Y quizá esta lo sea. Pero las trepidantes guitarras dan forma a una canción tragicómica. Kinda Fuzzy es aquella escena de Desmontando a Harry en la que Woody Allen se ve borroso, pero hecha canción.

Everett sabe que para que los discos no sean planos necesitan aristas. Una de sus formas de crear aristas es dotar a los discos de valles y cimas. Porque si quieres que un disco suene sincero tiene que rezumar vida. Y la vida es así. Después de la descarga de Kinda Fuzzy, E canta Accident Prone, donde, a solas con la eléctrica, se pregunta si no estará alegrándose de forma inútil. Accident Prone no es la canción del siglo, pero es el tipo de corte que permite la perfecta vertebración de un disco. Una vez seguro del fundamento de su felicidad, quizá su propia madurez, Everett vuelve a dejar que la banda al completo entre en el estudio. Entonces, esos 4 asesinos a sueldo que le acompañan (The Chet, Knuckles, Kooool G Murder y P-Boo) crean la atmósfera de Peach Blossom (primer single). Y después, a E le vuelven a entrar las dudas en On The Ropes, pero esta vez tarda menos en llegar a la conclusión de que merece ser, por fin, feliz.  Y así llegamos a The Turnaround.

Probablemente sea la mejor canción de Wonderful, glorious. Everett parece decir, más serio que nunca, que jamás dejará de luchar por vivir, pues eso es su música, su batalla. Esa batalla se entabla, como en toda su obra, a través de una historia de amor. Pero aquí es E quien tomas las riendas del asunto. El que abandona y, por primera vez, no es abandonado. New Alphabet (segundo single) Stick together vuelven a mostrar al Everett más crooner. Pero no es el crooner al que estamos acostumbrados. Tiene su propia definición. Su propia definición porque su música es un universo paralelo y, claro, allí hay otra lengua y las cosas se hacen de otra manera. Las últimas canciones del disco muestran a un Everett que se ha quitado un peso de encima. Sí. Es seguro. Puede y merece ser feliz. I´m building a shrine demuestra, por si quedaba alguna duda, la madurez de E. Imposible cerrar el disco con una canción mejor que Wonderful, glorious . Así es el disco porque así es Mark Oliver Everett.

Los discos de Eels pueden entenderse como conceptuales. No cuentan la historia de un personaje inventado, cuentan la vida del individuo que escribe y canta. Quizá sea el rockero que mejores títulos pone a sus discos hoy en día. Si el décimo disco de la banda se llama Wonderful, glorious es porque Everett se siente así ahora mismo. Siempre a contracorriente. Justo ahora. Justo en 2013, que el mundo parece desvanecerse, a E le da por ser feliz. A veces, hasta él mismo parece perplejo por la situación. ¿Pero qué voy a hacer? -parece decir- es lo que siento y mi música tiene que ir por esa dirección. Wonderful, glorious es un presagio. Everett nos va a regalar (más) discos  brillantes en su madurez. Al tiempo.

Santini Rose