Down in Albion (Babyshabmles): esto es urgente

down-in-albionLa mayoría de grupos que, a base de guitarrazos, refrescaron el rock de principios de siglo se están ahogando. The Strokes están desesperados por encontrar la llama que les encumbró, Franz Ferdinand andan perdidos entre sintetizadores, Kings Of Leon van ahora repeinados y quieren ser U2, y a Interpol le pesa demasiado la influencia de Joy Division. Solo Jack White y Arctic Monkeys han mantenido -más o menos- el nivel. El gran grupo de esta explosión musical, The Libertines, murió como se veía venir: Doherty en la cárcel por llevar una navaja, Doherty defenestrado por robar en casa de Barat para comprar droga, Doherty crucificado. Barat (el otro líder de la banda) fundó Dirty Pretty Things, que publicaron dos discos sin recibir mucha atención. Doherty intentó desintoxicarse sin éxito. Sus excesos y su relación con Kate Moss le convirtieron en carne de prensa amarilla. Entre portada y portada, fundó una banda, Babyshambles, y grabó un disco en solitario, Grace/Wastelands (2009).

El primer disco de Babyshambles se tituló Down in Albion y fue publicado en 2005. La crítica se cebó con él, los términos “caos”, “descalabro” y “desgana”  no faltaron en ninguna reseña. Lo cierto es que ninguno de estos términos es incorrecto, lo que no convierte a Down in Albion en un mal disco. Cuando Francisco de Goya elaboró sus Pinturas negras, nadie criticó que la temática fuera oscura y los trazos poco definidos. Con este disco ocurre lo mismo, no es el álbum mejor producido de la Historia, pero refleja a la perfección el momento vital de su creador. Las Pinturas negras reflejan los miedos de Goya ante la vuelta del absolutismo, pero también sus miedos por el paso del tiempo, por verse presa de la vejez. Down in Albion es un caos porque Pete Doherty era un caos, el álbum suena a canciones grabadas con prisa para salir a fumar, a retazos elaborados en cinco minutos. Muestra a un batería y un bajista que se esfuerzan por seguir los giros insospechados de su líder. Si lo que busca son guitarras limpias, voces inmaculadas y baterías marciales, aléjese de Down in Albion -y de todo lo que haya hecho Doherty- revise la discografía de Arcade Fire, que han publicado ya tres discos sin un solo error sonoro.

Down in Albion comienza con La Belle et la Bete, relato deslavazado de sueños del que emerge Kate Moss  canturreando: is she more beautiful than me? Canciones como Pipedown o Up the morning parecen salir de juergas entre amigos, en las que Doherty dijo: “escuchad chicos, llevo todo el día dándole vueltas a esta melodía”. Melodías con coros ininteligibles que parecen improvisados. Hay momentos de demencia como Pentonville, “cantada” por General Santana, un colega de Doherty en la cárcel. Es cierto que hay canciones grises como A´rebours; pero solo sirven parar contextualizar al artista dentro de su obra, dejan constancia de que en la nebulosa drogadicta de Doherty hay mucho talento pero también mucha basura. Down in Albion tiene canciones notables como Killamangiro, que muestra la huella de Carl Barat. 8 Dead Boys y Loyalty Song son puro Doherty: melancolía mezclada con ingenuidad, armónicas y un poco de ruido. Ese cóctel se puede encontrar en cualquier composición suya, desde Up The Bracket (primer disco de The Libertines, 2003) hasta su disco en solitario.

Y además, este es el disco de Fuck Forever. La canción más célebre de Doherty. El relato más sincero de un yonqui desde Hunter S. Thompson. Doherty se pregunta la diferencia entre la muerte la gloria, asegura que la inteligencia no implica sabiduría…y cuando se hace un lío en su propia retórica explota .”¡Que le jodan a la eternidad!”, como si el punk hubiera madurado y ahora escribiera poesía. La otra obra maestra de este disco es Albion. Probablemente sea la mejor muestra del genio poético de Doherty. El texto se debate entre el amor y el odio a Inglaterra, que le ha dado todo y todo le ha quitado. Señores, esto es costumbrismo británico en el siglo XXI. Cuando creíamos que nada podía sonar más a las islas que Oasis, viene este yonqui disfrazado de Oscar Wilde. Pero aquí no hay zapatos con hebilla ni reuniones para tomar el té; hay jóvenes con Reebok clásicas, violencia en la cola del paro y una muchacha pálida en la cola del supermercado. Doherty demuestra en esta canción que está por encima de los sintetizadores y que  sigue siendo el alumno aventajado de su clase. Cuando alguien es capaz de sacarse las tripas en una canción y pintar con sangre -literalmente-, no necesita herramientas de la posmodernidad.

Santini Rose