El tiempo de las cerezas (Bunbury & Vegas): Dos cabalgan juntos

bunbury-vegasEl tiempo de las cerezas alcanzó a sus dos creadores en momentos diametralmente opuestos. Enrique Bunbury comenzaba a reconciliarse con una crítica que jamás le perdonó su corte de pelo y su ambición de no pasar toda la vida haciendo hard rock con Héroes del Silencio. Nacho Vegas, por su parte, se consagró como Dios-de-lo-alternativo con su disco Desaparezca aquí (2005). Uno venía del más puro mainstream y otro del paraíso indie. Pero este disco dejó claro que los términos mainstream e indie son igual de estúpidos. Cuando hay tanto talento, las etiquetas están de más. Las etiquetas y casi cualquier cosa. La prensa “especializada” recibió El tiempo de las cerezas con críticas templadas, el disco pasó prácticamente inadvertido. Fue muy significativa la crítica de Rolling Stone España, que se preguntaba por qué en un disco a cuatro manos los dos compositores no cantan ni una canción juntos; así de “contracultural” -como le gusta a su director referirse a RS- es esta revista, que no concibe colaboraciones sin dúos vocales.

Bunbury había pensado este proyecto para compartir estudio con Carlos Ann (con el que ya había trabajado en Bushido) y con Nacho Vegas (al que conoció en la gira promocional de Radical Sonora, primer disco en solitario de Bunbury, cuando Vegas aún militaba en Manta Ray) . Sin embargo, a las pocas semanas de trabajo, Ann abandonó el barco. “Lo mío es más música de gitanos, aquello era folk americano, no me interesaba” declaró. Bunbury y Vegas no se vinieron abajo, huyeron hacia adelante. El disco no solo se editaría, sino que sería un disco doble. 18 canciones (20 si contamos las que se repiten al final de cada disco, en las que cada uno versiona la canción con la que el otro abre el disco) que podrían haber significado un álbum en solitario para cada uno de ellos. Pero se nota la diferencia. Bunbury y Vegas no cantaron ninguna canción juntos en este disco, pero la influencia está ahí, implícita. Se nota el sello de cada uno en sus propias composiciones y en las del otro.

Vegas firma canciones como Va a empezar a llover, una de las mejores del disco (y de su carrera). Es imposible separar el amor del desamor en sus canciones. La lluvia -figura recurrente en su narrativa- dota de dramatismo a una canción que define a su autor:  simplemente música catártica. Va a empezar a llover es, además, un ejemplo de la principal característica que separa la lírica del rockero asturiano de la de Bunbury. Mientras el primero registra textos narrativos, novelas de 5 minutos al más puro estilo de Bob Dylan o Leonard Cohen, el aragonés errante tiene en el simbolismo su bandera. Sus textos recuerdan a William Blake, a Tom Waits y a Jim Morrison. Bravo (interpretada por Vegas pero compuesta por Luis Demetrio) muestra la otra gran diferencia entre Vegas y Bunbury. Esta diferencia es sonora. Mientras que Bunbury tiene en el rock más clásico sus cánones sonoros, Vegas bebe del country de  esa misma época, pero también del noise rock noventero de gente como Sonic Youth o Dinosaur Jr. lo que podría estropear su música, pero el gijonés tiene estilo para mezclar con elegancia eso y más. La Pena o la Nada muestra el gran avance de Vegas como compositor en este disco. Además de la referencia a Faulkner en el título, el poeta asturiano revela imágenes de un poder extremo, cuadros que golpean el alma, ahí está ese Y te vi llorar/ un río a cada lado/ de tu rostro sin desmaquillar/ como la propia Katy Jurado/ con las nubes negras detrás/ Como el negro escuchando a Van Zandt cantar `Waitin´ around to die´/ como Juana de Arco al arder/ como el santo a punto de perder la fe.

Bunbury aporta a este disco rasgos tan suyos como De esclavitud o cadenas: amor, redención, pasión, culpa, pena y olvido. Lo que él -como artista- es. Homenajea a Tom Waits en la desbocada Welcome to Callejón Sin Salida, ajusta cuentas con Amaral (un bulo lanzado por la cantante impidió a Bunbury ser telonero de Bob Dylan en beneficio de Eva y su amigo del gorro) en la rabiosa Puta Desagradeciday pasa revista a su trayectoria en Ahora, todo un alegato al malditismo injustificado que tan de moda está. Sin embargo, hay mucho de Bunbury en algunas canciones de Vegas y viceversa. El rumbo de tus sueños es puro Vegas en la voz del aragonés errante; que escuchen los críticos de RS con atención, aquí están los dos juntos.  También hay canciones de Vegas inspiradas por Bunbury, la prueba más clara es Serie Negra, una historia de contrabando (de drogas y almas). Carlos Ann no andaba tan desencaminado cuando dijo que esto era folk americano. Sí, ese es el terreno en el que confluyen Nacho Vegas y Enrique Bunbury, el terreno de Bob Dylan, de Nick Drake y de Micah P. Hinson, es posible que ese sea el único camino que une Gijón con Zaragoza.

Dicen que  Bunbury pidió cantar una canción de Vegas de la que se había enamorado, LátexA cambio, Vegas exigió que el álbum se llamara como una de las canciones de Bunbury, El tiempo de las cerezas, y no Bunbury & Vegas como se pensaba titular. El tiempo de las cerezas es la canción perfecta para terminar este disco. Cualquiera la podría haber firmado. Es como si después del largo camino, las almas de los dos hubieran mutado en la del otro, imposibles de diferenciar. Innecesario. Este trabajo influyó en la carrera de los dos. Bunbury registró después Hellville Deluxe y Las Consecuencias, discos oscuros, desnudos que muestran la huella de Vegas. El asturiano, por su parte, registró tres años más tarde su última obra maestra, El manifiesto desastre, donde dejaba de recrearse en su leyenda de rockero maldito. Cada uno aprendió del otro y, en el camino, regalaron arte que escapa a cualquier etiqueta.

Santini Rose