Strange Days (The Doors): Cuando eres un extraño nadie recuerda tu nombre

“Hay cosas conocidas; cosas desconocidas, y en medio están The Doors” dijo Jim Morrison. Adelantados a su tiempo, la banda de Morrison encarnó en sus 8 años de vida el reverso oscuro del movimiento hippy. Sin The Doors, -y sin Dylan y The Rolling Stones–  podría parecer que todo en los 60 era vino y  rosas: los grupos sacaban más de un LP al año y recorrían un mundo repleto de groupies y padres satisfechos. Aunque alcanzaron gigantes cotas de creatividad al enfocar su música desde un prisma decadente, este antagonismo en la banda californiana -al igual que en el caso de los Stones-  nace de la necesidad imperiosa de ofrecer algo diferente a The Beatles, que antes de conocer a Dylan eran poco menos que hermanitas de la caridad.

El golpe de efecto de The Doors comenzaba en su alineación: un cantante, un guitarrista, un batería y -sorpresa- un organista. Nada de bajo. Parece fácil que una banda de rock construya un sonido propio variando la formación clásica. Pero si no pretendes ser irrisorio quizá la cosa no sea tan sencilla. Quizá necesites a tipos como Robby Krieger, Ray Manzarek, John Densmore y Jim Morrison. También debió resultar extraño el nombre de la banda. Estaban The Beatles, The Who, The Byrds, The Kinks, The Animals, The Monkees…Pero, ¿quién se atrevería a llamarse The Doors?  El origen es el verso de William Blake:  “If the doors of perception were cleansed, every thing would appear to man as it is: infinite”. Otro elemento distintivo de los californianoes es su guitar-hero. En aquella época, los más grandes tenían a gente como Eric Clapton, Keith Richards, Jimy Page, Jeff Beck o Jimi Hendrix a las seis cuerdas. Robby Krieger es un magnífico guitarrista, su formación clásica y su peculiar estilo -toca sin púa- fueron claves en el sonido de The Doors;  pero no encarnaba el arquetipo de la época: alguien que -sea feo o guapo- resulta atractivo,  alguien que se contonea alrededor de su instrumento y que recibe la misma, o más, atención que el cantante. Aunque, ¿quién iba a recibir más atención que el cantante cuando a la voz estaba El Rey Lagarto?

En 1967, The Doors saludaron al mundo con un álbum homónimo. Nihilismo, rabia, hedonismo, textos de Bertold Bretch y poemas épicos con referencias a Edipo. Todo en 43 minutos. Sí, una bomba. En septiembre de ese mismo año, 9 meses después de su debut, Morrison y compañía daban a luz su segundo LP: Strange Days. El álbum fue un fracaso comercial debido a la escasez -o inexistencia- de singles radiables, pero desde el núcleo de la banda eran conscientes de que estaban atravesando muros. “Confiábamos en que iba a ser más grande que cualquier cosa que The Beatles hubieran hecho”, llegó a afirmar el productor Paul A. Rothchild. El disco deja entrever a un Morrison desnudo que habla muy en serio cuando canta:  People are strange/ when you’re a stranger/ Faces look ugly when you’re alone/ Women seem wicked when you’re unwanted /Streets are uneven when you’re down en People are strange. Porque Morrison siempre fue un extraño, lo fue en casa cuando su padre -que combatía en Vietnam mientras él alentaba a las masas americanas a rechazar la guerra- insultó su creatividad, lo fue en la universidad cuando fue expulsado por un trabajo de fin de carrera obsceno, y lo fue cuando dejó The Doors en 1971 y se fue a París a escribir poesía, persiguiendo las huellas de su amado Rimbaud.  Las canciones más lentas, como You´re lost little girl o I can´t see your face in my mind sorprenden por su dramatismo. Similares en su comienzo a cualquier composición dulzona de la época, la tensión va in crescendo hasta resultar insoportable. El ardor sexual de Love me two times, el mantra esquizofrénico de Horse latitudes, la insistencia delirante de My eyes have seen you Cualquier momento del disco es brillante. Strange Days termina con When the music´s over, un poema cantado de más de 10 minutos. El escepticismo, el poder de las imágenes descritas y la gran influencia de Rimbaud muestran el genio poeta de Morrison, que lo situaron en el olimpo junto a Dylan y Young.

45 años después de su publicación, Strange Days sigue sonando oscuro, urgente y visceral. La voz de Morrison todavía resulta desquiciada y el engranaje formado por Krieger, Manzarek y Densmore crea una atmósfera que, todavía hoy, produce inspiraciones ignotas para el ser humano.

Santini Rose