King Animal (Soundgarden): no tenemos 20 años, ¿algún problema?

Hace 16 años, Soundgarden editó Down on the Upside, un disco que, junto a la mala recepción de No Code de Pearl Jam, la suspensión de la gira de Alice in Chains por la débil salud de Layne Staley y la desaparición de unos incomprendidos Screaming Trees -después de publicar Dust, posiblemente su mejor trabajo- significa el final del grunge. Pero ninguno de los discos nombrados carece de calidad. Las bandas bandera del grunge buscaban nuevas vías de expresión, quizá la muerte de Kurt Cobain se notara más de lo previsto. Down on the Upside es el disco más experimental de Soundgarden: Chris Cornell intenta olvidarse de los riffs de Kim Thayil -lo que viene a ser como decapitar al guitarrista-  y mete hasta una mandolina -sí, una mandolina- en Ty Cobb. Después de Down on the Upside vinieron años confusos: Matt Cameron se alió a Pearl Jam, Chris Cornell firmó 4 discos en solitario que mezclaban momentos brillantes en Euphoria Morning con esperpentos como Scream, producido por TimbalandDurante esos años nadie supo nada de Ben Shepherd ni de Kim Thayil, bajista y guitarrista de Soundgarden.

Pero en abril de este año, la película Los Vengadores nos sorprendía con una canción de Soundgarden en su banda sonora. Live to Rise sacudió el polvo de la garganta de Cornell -que se había acostumbrado a lo blandengue con sus discos en solitario- y demostraba que Thayil no solo no había muerto, sino que no había olvidado como tratar las 6 cuerdas. Esta canción vino acompañada por el anuncio de que a finales de 2012 Soundgarden publicaría un nuevo disco. Después de Live to Rise el hype llegó tan alto como la voz de Cornell.

Hoy, 12 de noviembre, se publica King Animal en formato físico, anque lleva ya más de una semana en streaming en la web de NME. King Animal es un buen disco, dejémoslo claro desde el principio. Pero es inevitable sentir algo de melancolía y entender que 1994 jamás volverá y Soundgarden no volverá a ser la banda que firmó Superunknown, probablemente el mejor disco del grunge. Así que quizá el problema sea nuestro, de nuestros prejuicios, que nos impiden juzgar King Animal sin tener en cuenta quiénes han sido Soundgarden. O quizá esta  sea la única manera racional de evaluar la trayectoría artística de cualquier individuo. De cualquier modo, nos es inevitable. Cornell y los suyos no intentan engañarnos en ningún momento. Estamos ante un disco honesto -quizá demasiado- que revela  que la banda aún es capaz de hacer discos solventes con momentos extraordinarios. Pero King Animal también dice que el tiempo no pasa en balde, que 16 años de parón se notan (aunque menos de lo esperado). El parte no es, por tanto, nada desalentador. Además, la pasada edición del Sonisphere demostró que el directo de la banda de Seattle sigue siendo una bomba.

King Animal comienza con Been Away too long, toda una declaración de intenciones, una muestra de qué nos encontraremos en el álbum: una banda que se esfuerza por demostrar que la máquina está engrasada. Sí, Soundgarden ha estado fuera demasiado tiempo. Non-State Actor es, posiblemente, la mejor canción del disco. La guitarra de Thayil suena como jamás debió de hacerlo, con un digno de Badmotorfinger y SuperunknownDespués, el ritmo de King Animal decrece. Cortes como By Crooked Steps y A Thousand Days Before suenan repetitivos y aburridos. Por momentos, parece que la escucha del álbum se va a hacer larga. Pero esta sensación desaparece con dos de los momentos más intensos: Bones of birds y Taree, una canción curiosa: apunta a tostón hasta que Cornell remueve nuestros sesos al aullar el estribillo. Halfway There y Worse Dreams son las mejores canciones de la segunda parte del disco. La primera es una demostración de lo bueno que tiene el paso de los años. Canciones así de sosegadas, de clásicas, parecían impensables en la voz de Cornell hace 15 años. La segunda es una prueba de que Cameron y Shepherd son tan importantes como Cornell y Thayil en el sonido Soundgarden. Ese comienzo que mezcla batería y bajo  marcial es lo más grunge del álbum junto con el título, luego Cornell y Thayil hacen el resto.

La vuelta de Soundgarden es una gran noticia. Una muestra de la valentía de Cornell y compañía es que volvieron antes al escenario que al estudio, al contrario de la tendencia habitual. King Animal es un disco irregular, mezcla momentos impresionantes con algunos olvidables. Pero es más de lo que podíamos esperar. Lo habitual en estos casos es que las reunión de la banda consista en imitar lo que les hizo famosos pero con 20 años más. En cierto modo, esto provoca un halo de verguenza ajena, estas bandas terminan en convertirse en sombras de lo que fueron. No es el caso de Soundgarden. Son conscientes de que los 90 no volverán. Pero tienen energía para otros 15 años de hard-rock de quilates.

Santini Rose