5 razones para escuchar Tempest (Bob Dylan)

1. Dylan decidió en el 97, con Time out of mind, no volver a descuidar la producción en un disco. Desde entonces cada trabajo es una obra de orfebrería, rock de raíces con mayúsculas. Rock de raíces, sí. Es paradójico que la música que Dylan haga en su vejez sea más tradicional que la que hacía a mediados de los 60 y en los 70. El bardo -una enciclopedia andante de la música anterior a los 60- recupera todo tipo de texturas en Tempest: hay folk, country, blues y mucho rock. En Tempest suenan ecos de Traveling Wilburys: aquella maravilla formada por George Harrison, Bob Dylan, Tom Petty y Roy Orbison, a los que se unió la lapa Jeff Lyne, encargada de firmar en solo dos álbumes (Vol. Iy Vol. III) una guía perfecta de cómo hacer rock.

2. Las letras. Dylan parece más cómodo ahora que no representa para -la mayoría- de los jóvenes un icono contracultural. Es como si estos trabajos fueran un divertimento, muestran a un poeta liberado de su carga social. Esto se refleja en las letras, que hablan de viejos ferrocarriles (Duquesne Whistle), de amores condenados al fracaso (Tin Angel) , o del Titanic (Tempest). Esta última canción es un capricho que pocos se pueden permitir. Solo el club de los que están por encima del bien y el mal pueden marcarse un corte de 14 minutos sin estribillo. Pero esas canciones son genuinamente Dylan, ¿qué son Hurricane o Desolation Row sino novelas de 10 minutos?

3. El título. The Tempest fue la última obra de Shakespeare y esto ha hecho correr ríos de tinta. ¿Será el último disco de Dylan? El judío errante sigue jugando con nosotros a sus venerables 70 años. Estamos seguros de que le queda mucho rock en las venas, pero Tempest no sería un epitafio que desmereciera a su leyenda.

4. Es usual que lo primero que sintamos al escuchar un disco de esta etapa de Dylan sea decepción. Ha sido lo máximo dentro y fuera de la música, solo John Lennon le aguanta la comparación. Hoy los anunciantes siguen poniendo sus canciones para transmitir atributos como modernidad o inquietud. Pero Bob Dylan es un ser humano, no conviene olvidarlo. Es comprensible que a sus 70 años esté de vuelta de todo y le apetezca divertirse con su pluma de oro y su voz de buitre.

5. Roll on John. Solo por esta canción estaría justificado comprar el disco. Dylan recuerda su juventud a través de su amistad con John Lennon. Una relación de la que ambos salieron beneficiados: Lennon se caló una gorra estilo Lenin y se dio cuenta de que podía hacer letras transcendentes, el gran John Lennon nació esa mañana en la que Dylan  dio un porro a los fab four. El rockero de Minnesota aprendió a dar menos rodeos retóricos, a ir al grano. Se hace inevitable imaginar a  Dylan y a Lennon en una gira conjunta. Si existe un cielo no debe distar mucho.

Santini Rose