Alta Suciedad (Andrés Calamaro): Crecer viendo paranoia y dolor

John Lennon dijo que  el mejor nombre si hubiera que denominar al rock de otra forma sería Chuck Berry. El rock en castellano bien podría llamarse Andrés Calamaro. Con Los Abuelos de la Nada, Los Rodríguez y también en solitario, el argentino ha escrito muchas de las páginas doradas de la música popular del último tercio del siglo XX. En el año 97, Calamaro reanudaba su carrera en solitario -recordemos que tras la disolución de Los Abuelos de la Nada y en algunos paréntesis de Los Rodríguez publicó material- con un LP que le iba a encumbrar, si quedaba alguna duda, como uno de los artistas más importantes del rock en castellano. Después de crear la fórmula ganadora -que mezclaba a The Rolling Stones con Joaquín Sabina y flamenco– en los 3 discos de Los Rodríguez (Buena Suerte, Sin documentos y Palabras más, palabras menos), Calamaro se quedaba sin la cuchilla con cuerdas de Ariel Rot.

Pero Alta Suciedad es una huida hacia adelante. Un trabajo deslumbrante de principio a fin. Pocas veces un disco en castellano ha sonado así. Calamaro se niega a admitir que el rock americano suene mejor que sus discos. Para empezar, qué músicos. Hablamos nada más y nada menos que de Marc Ribot a la guitarra, un señor que ha tocado en la mayoría de trabajos de Tom Waits y con el propio Dylan. Tocando el bajo encontramos a Charley Drayton, que ha acompañado a Johnny Cash Neil Young y que formó parte del proyecto paralelo de Keith Richards durante los noventa: The X-Pensive Winos. En esa banda tocaba la batería -como en Alta SuciedadSteve Jordan, que le dio a Richards el cariño -compositivo- que Jagger le negaba en aquella época, pero esa es otra historia.

Calamaro no intenta esconder sus influencias, no hay más que ver la portada, un claro homenaje al single Baby stop crying de Dylan. El argentino es poco menos que una groupie del genio de Duluth: “Lo que es un delito es no copiar a Bob Dylan”, ha declarado. Pero esta influencia no se queda en el pelo o las gafas, Calamaro alcanza la excelencia en cortes como Loco, Flaca Crímenes perfectos en los que la fórmula folk-rock del Judío Errante se muestra marcada a fuego en el argentino. Pero no solo Dylan está presente en Alta Suciedad, encontramos rock de cuchilla en Alta Suciedad y Me arde, tintes funk  y reggae -los mismos que Steve Jordan aportó a The X-Pensive Winos- en ¿Quién asó la manteca? y Nunca es igual (un corte de 8 minutos con frases de Escohotado que solo Calamaro se puede permitir) y encontramos soul, mucho soul. Además, existe una coherencia asombrosa entre estas influencias, un equilibrio casi imposible que últimamente parece haber perdido el rockero argentino.

Y luego están las letras.  Poco se puede decir de las letras de Calamaro que no se haya dicho ya, el único tipo conocido que puede cantar el verso En Argentina acaba de empezar la matinée/ Son las 11 de la matina y que no suene ridículo. Las letras de Alta Suciedad suponen -junto al doble álbum Honestidad Brutal– la cumbre poética de Calamaro. Si bien en Alta Suciedad no encontramos el dramatismo que hace de Honestidad Brutal el Blood on the tracks del argentino, se observa un poeta que mezcla biografía con ilusión, letras que exhuman espíritu rockero pero también sensibilidad. Ahí está Flaca, probablemente la canción que -en espíritu- más se acerque a Angie de los Stones.

Es sorprendente que Alta Suciedad cumpla 15 años. Sigue fresquísimo, más que muchos trabajos editados hoy mismo. Después de este trabajo, Calamaro se sumiría en su infierno personal -y paraíso compositivo- que supuso Honestidad Brutal. Luego vino El Salmón, que explotaba voluntariamente la fórmula expuesta en estos trabajos, y donde el argentino -en contra de la convención de publicar discos de no más de 15 canciones- echó un pulso a las compañías discográficas al editar un trabajo, dividido en un total de 5 discos, con un total de 101 canciones. Pero nada de esto habría sido posible sin Alta Suciedaddonde el loco se dio cuenta de que el tiempo es muy poco.

Santini Rose