The 2nd Law (Muse): Cuando el león ruge en falsete

El siglo XXI comenzó con una batalla cuyo vencedor debería destronar a U2 como la banda de estadio más grande del planeta. El contendiente principal era Muse, una banda de Devon que desde su primer disco (Showbiz, 1999) mostró al mundo un cóctel explosivo que aunaba el intimismo de Radiohead, el histrionismo de Queen y lo progresivo de Pink Floyd. A este combo se sumaban los americanos The Killers, que dieron un golpe en la mesa con su debut (Hot Fuss, 2004) y Coldplay, otra banda inglesa claramente influida por Radiohead.

Una década después,  Coldplay ha pasado de la música sosegada y catártica a invitar a Rihanna a su último disco, lo que se antoja como un claro ejemplo de confundir evolución con involución. The Killers, por su parte, siguen sin igualar el éxito de su debut y su último disco,  Battle Born, se antoja poco menos que una busqueda infructuosa y desesperada. Sin embargo, Muse ha progresado de una manera espectacular. Los tres discos posteriores a su debut (Origin of Symmetry2001; Absolution, 2003 y Black Holes and Revelations, 2006) muestran un crecimiento brutal tanto en la grandeza de su música como en la de su reconocimiento, alcanzando esa corona que andaba en juego. Sin embargo, En 2009 Muse publica The Resistance, un disco que sin ser deficiente, si que supone una desaceleración en su vertiginosa trayectoria. Pero los británicos habían hecho suficientes méritos a lo largo de la década para denostarlos por un LP que no llega al sobresaliente. Sin embargo, la publicación de The 2nd Law va a significar un antes y un después en la carrera de la banda, a su pesar. Hablamos de un disco que sería prometedor si lo hubiera formado (casi) cualquier otra banda, pero a Muse se le pide más. Se le pide que no explote hasta reventar la herencia de Queen y que no se convierta en una parodia de sí mismo. Matt Bellamy declaró a Rolling Stone (sí, a veces escriben sobre música) que Muse era una eterna búsqueda de ir más allá. Quizá eso se haya convertido en un cliché, por primera vez un disco de Muse se hace largo, por primera vez el epicismo no está justificado y resulta excesivo. En el eterno debate entre los puristas y los snobs acerca de la conveniencia de una continua evolución en el sonido de una banda no tiene mucho sentido en Muse, cuyo sonido es ya de por sí una evolución. The 2nd Law suena a Matt Bellamy tachando en una lista todo lo que no había metido en un disco: funk, canciones cantadas por el bajista Chris Wolstenholme, dubstep…

Los momentos de calidad, que los hay, se limitan a SupremacySurvival (que nadie ha oído este verano), Animals y Big FreezePero a excepción de Supremacy, canción que abre el disco recordando a los riffs más gloriosos de Bellamy, el resto de cortes destacados nos retrotraen a The Resistance. Es decir, hasta lo mejor de The 2nd Law no entraría en lo mejor del trío de Devon. Save me y Liquid State, compuestas y cantadas por un Wolstenholme al que la voz no le da para cantar en Muse se hacen pesadas, ñoñas. Qué decir de las dos últimas canciones, Unsustainable y Isolated System, agregados de sonidos que parecen enfrentarse entre sí, totalmente incoherentes. Ese es otro de los problemas de este LP, la incoherencia: ninguna de las 13 canciones tiene relación con otra. La cantidad de entropía (medida del desorden molecular de una partícula) en el universo tiende a incrementarse con el tiempo, dice la segunda ley de la termodinámica. Esperemos que esta ley no afecte a Muse.